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Escapando de la rutina me dirigía hacia el único lugar donde sabía que podía desahogarme sin sentir la presión que el mundo real ejercía constantemente en mi.

Necesitaba escapar de todo lo que sentía últimamente, de las miradas tanto de admiración como de lastima, necesitaba estar en un lugar donde los demás compartían la misma incertidumbre que yo.

Un trago, otro más, poco a poco mis preocupaciones se las llevo el alcohol dejándome solo ser consciente de ella, las luces del lugar hacían que mi cabeza diera vueltas comenzando a marearme.

Miraba a los demás desde mi silla, los cuales lucian igual o en peores condiciones que yo, la música casi imperceptible del lugar no lograba que ninguno de nosotros se aliviara.

Realmente no los conocía, nadie de aquí se conocía entre si porque era inusual que interactuemos entre nosotros, todos venian por lo mismo así que convivir no estaba en los planes de nadie, menos sabiendo que es nuestro único refugio una vez al mes.

Deje de prestarle atención al resto cuando la pude ver tan etérea como siempre desplazándose entre las mesas de aquel lugar tan sonriente.

Vivimos juntas por muchos años, fue mi hombro por el cual llore en más de una ocasión y fue mi lugar seguro, siempre la considere mi primer amor, mi primer beso, mi primer todo.

Verla tan radiante hacia que me cuestionara si realmente está ahí, no sería la primera vez que en medio de tanto alcohol la visualizará como si realmente la tuviera en frente, mostrando una actitud que normalmente no tenía.

¿Cómo podía definir nuestra relación?

Ella era la única para mí, sabía también que yo era la única para ella, más nunca le pusimos un titulo a lo que teníamos, solo nos dejábamos llevar por el sentimiento que hasta hoy en día estaba dentro nuestro.

Después de verla moverse entre los demás por fin llegó a mi, un pensamiento me dijo que no debía tocarla hasta que ella lo hiciera, ví como se sentaba en el sitio vacío justo a mi lado con su vaso de licor a la mitad, se revolvió su corta cabellera hasta que un aire más sensual la cubrió, haciéndome tragar saliva por estar solo mirando.

— Ey...

En este lugar ambas teníamos un código, no importaba si convivíamos diariamente, eramos totalmente desconocidas en estas cuatro paredes, de alguna manera se sentía como la primera vez que nos conocimos.

— Hola ¿Vienes seguido por acá?

Ella rio, sin dudar en seguirme el juego.

— No, es la primera vez ¿Tú si?

— No lo sé — quite el flequillo de mi frente — pero sin duda vendré más seguido si consigo verte.

Hablaba de manera casual, ella solo me escuchaba en silencio como siempre.

Si tan solo fuera de aquí consiguieramos ser así, me atrevería a volver realidad el por siempre que nos juramos rodeadas de girasoles, sabía que en cada avance ella nunca me detuvo pero aún así yo no tenía claridad si ella sentía lo mismo por mi, era ilógico preguntar, pero si tan solo pudiera hacerle ver lo mismo que yo podría demostrarle tantas cosas.

Su actitud despreocupada hizo que olvidará mis pensamientos, viéndose tan deslumbrante como siempre me hizo cuestionar si realmente la tenía frente a mí.

¿Cómo alguien tan hermosa podía existir al mismo tiempo que yo?

Sentía que estaba alucinando, si este era un sueño no quería despertar.

Sonreí boba cuando dejando el vaso en la mesa me indico con un gesto que la siguiera, apenas ella tocó la pista una música movida comenzó a sonar haciéndola bailar, al ponerme frente a ella imite sus desordenados movimientos recordarme no tocarla hasta que ella lo hiciera aunque me cosquillearan los cascos por abrazarla.

Zipp y Sunny ∞CANCELADA∞Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora