Paul se pasó las manos por el pelo, peinándolo una vez más lo mejor que pudo y mirándose en el espejo. —Está bien, flores, —murmuró para sí mismo, corriendo hacia su sala de estar en busca del ramo de flores que había comprado antes. Carísimo hijo de puta, pensó para sí mismo mientras las recogía del sofá. Pero, si funcionaban lo suficiente como para darle una verdadera oportunidad con Regina, valían cada centavo.
Al salir de su apartamento, caminó por el pasillo, miró la puerta de Regina, se quedó allí un rato para enderezarse, levantó el puño hacia la puerta y golpeó cuatro veces seguidas. La puerta se abrió y fue recibido por un hombre mucho mayor, bien vestido, con su cabello todavía intacto. Muy delgado y atractivo, pero con buen porte.
—Lo siento, eh... —la voz de Paul se queda atrapada en su garganta.
-—¿Puedo ayudarte? —preguntó Robert.
—¿Está Regina aquí?
—¿Quién eres?, —preguntó Robert, mirando las flores que sostenía en su mano.
—Paul. Mira, si este es un mal momento...
—Lo es. —Robert frunció el ceño y giró la cabeza hacia la izquierda mientras Regina se abría paso después de preguntar quién estaba en la puerta.
—Paul —respondió Regina sorprendida—. Hola.
—Hola. —Él asiente.
Regina observa las flores que Paul tiene en la mano antes de mirar a Robert, seguido de Paul nuevamente. —¿Qué estás haciendo aquí?
—Bueno, esperaba que pudiéramos hablar... —Los ojos de Paul se dirigen a Robert, que lo mira con enojo todo el tiempo antes de volver a mirar a Regina—. Pero entiendo si este es un mal momento.
—Es- —Robert interviene una vez más, ganándose una mirada fulminante de Regina.
—No lo es. —Mira con más dureza al hombre antes de volverse hacia Paul y salir, pasando a Robert—. Vayamos a algún lado y hablemos.
Robert sale: —No hemos terminado de hablar, Regina.
Regina suspira con fastidio. —No, creo que esto está más que terminado. Y tú tienes que irte. —Mira a Robert con enojo.
—No me iré hasta que entiendas lo que pasó...
—¿Qué pasó? —Regina lo miró con enojo—. Te diré lo que pasó...
—Mira, obviamente este es... un mal momento, así que solo voy a... —Paul hace un gesto con el pulgar hacia la puerta por encima del hombro y comienza a alejarse.
—¡No! Paul, tú quédate. —Regina lo jala de la chaqueta y oye cómo el papel de las flores se arruga en el proceso—. Tú... —Mira fijamente a Robert—. Te vas. Ahora.
—No, creo que es él quien debe irse. —Robert se acerca un poco más, con los ojos puestos en Regina—. Regina, es importante que hablemos, ¿de acuerdo? Cometí un error. Y tendré que vivir con ello, pero lo siento muchísimo.
Regina mira a Robert con una mirada más comprensiva. —¿Lo sientes? —Ella lo ve asentir, y es entonces cuando la mirada en sus ojos cambia. —Bueno, entonces aprende a vivir con ello, porque tú y yo no tenemos nada más que decirnos. —Ella toma a Paul de la mano. —Entra, Paul...
Robert frunce el ceño y decide dar un paso justo delante de la puerta entreabierta. —No. No me voy hasta que hablemos...
—¡No tenemos nada de qué hablar! —grita Regina.
—Está bien, hola... —Paul extiende las manos, sintiéndose muy confundido mientras mira a Regina—. Mira, obviamente llegué en el momento equivocado. Lo siento, Regina, si me hubieras dicho que tu padre estaba de visita, te habría llamado primero...
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[CITRUS] - My daughter's girlfriend
FanfictionDurante años, Mei se ha casado con un hombre abusivo que no le ha mostrado más que miseria. Pero, una vez que su hija regresa de la universidad, Mei se enamora de la única persona prohibida que solo parecería complicar las cosas y despertar sentimie...