| Me estás jodiendo, ¿no? | III

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Estaba emocionada, esperando tranquilamente a su amiga que exigía a gritos una explicación de la cita y como sucedió todo.

El sonido de unos nudillos sobre la puerta la sacaron de sus pensamientos, casi de un salto se puso de pie y corrió en puntitas hasta la puerta para encontrarse a Delsa que parecía querer sacarle las palabras a cucharadas.

—. Cuéntamelo todo, pero ya —, pidió con coquetería al sentarse en el sofá y mirarla con una sonrisa pícara en los labios.

María Corina rio y cerro la puerta para tirarse sobre ella  y esconder su rostro en su pecho.

—. Es mi vecina, una cita en una biblioteca, y hoy una segunda no se dónde —, respondió con la voz ahogada por el contacto de su boca con su pecho.

Delsa solo guardo silencio, hacía mucho no venía a su amiga actuar tan nerviosa y le agradecía a la vida que la dejara ser feliz.

—. ¿No dirás nada? —, pregunto levantando solo un poco la cabeza de su escondite para volver a esconderse rápidamente.

—. Que estoy feliz por ti —, respondió envolviendola en sus brazos —. Y que debes apúrate porque tienes una cita —, ánimo queriendo levantarla de entre sus brazos, Maria Corina nego.

—. Ese es el rollo —, sonrió —. No tengo que poner mucho ánimo a arreglarme, a ella le gusta que sea sencilla —, Delsa sonrió aún más, era una persona que no le generaba estrés a su amiga y le agradecía aún más a la vida por ello.

—. Vale, me parece muy bueno —, respondió jugueteando con el cabello lacio, guardando silencio por un par de segundos.

Los dedos comenzaron a rozar las teclas, presionando una que otra en perfecta sincronía.

Mónica sonrió, estaba nerviosa y solo tocar la tranquilizaria del todo.

Cerro los ojos y pensó en los ojos café, la sonrisa tierna y aroma tan agradable de la mayor, observo el piano unos segundos comenzó a tocar suavemente.

Estaba segura que María Corina le gustaban sus melodías y que las disfrutaba tanto o más de lo que ella disfrutaba tocarlas.

—. ¿Y eso? —, pregunto entre curiosa y confusa, buscando en la sala algún estereo encendido.

—. Es ella —, aclaro al volver a la sala con dos tazas de café —. Ama tocar y yo amo escuchar lo que toca —, sonrió tontamente, dejándose ver nerviosa ante su amiga.

Las horas fueron pasando junto a su plática y de la nada, sin notarlo la melodía dejo de sonar.

La noche llegó y Delsa tuvo que irse y dejarla en soledad para poder ducharse y esperar hasta la media noche para ir a su cita.

Extraño la dulce melodía del piano y como este lograba llevarla a un mundo paralelo en su mente.

Abrió el grifo y dejo caer el agua sobre su piel tibia, suspiro al pensar en ella e imaginarla en esa misma ducha junto a ella.

Cerro el grifo y seco su piel para vestirse, se coloco un vestido azul bastante ligero, junto a unas sandalias negras, y ayudo a estilizar su figura con una chaqueta de cuero negra, sonrió.

Dejo su cabello liso, esperando que a ella le gustará como se veía de esa manera.

La hora llego y el timbre sonó, nerviosa camino hasta la puerta, encontrándose a una chica de beanie y ropa de cuero negra.

Le gustaba como de alguna manera ocultaba su dulzura bajo esa tela negra.

—. Luces hermosa —, susurro Mónica sin dejar de contemplarla como una estrella, María Corina para ella era eso, su luz.

Shameless ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora