Si Mónica no hubiera estado fumando contra su auto, María Corina no habría reconocido el vehículo.
Las veces que había estado dentro de él casi no las recordaba, y cuando lo hizo era de noche, así que no pudo detallar con exactitud el exterior.
Ahora que los rayos del sol del atardecer lo iluminaban la escritora podía darse cuenta de que era de los costosos, pero a la pintora parecía importarle poco, pues había manchones, abolladuras y tierra estropeándolo.
Su auto jamás podría tenerlo así.
-. Solo por si te interesa, Coco, creo que te ves hermosa hoy.
Sonrió con nerviosismo ante el cumplido. Mónica, complacida por su reacción, abrió la puerta del copiloto y le dio la mano para ayudarla a pasar.
Su cigarrillo fue a parar al suelo.
El interior del vehículo no estaba mejor que el exterior: había manchas en los asientos, envoltorios en el suelo y trastos en la parte trasera.
Era un completo asco.
-. Espero que te guste mi chiquero... -, murmuró la pintora al entrar al auto. No se veía avergonzada, sino orgullosa.
-. No importa lo que yo piense. Seguirás teniéndolo así.
-. En eso tienes mucha razón -, aceptó con una risa nerviosa.
Mónica se colocó el cinturón. María Corina también lo hizo. El auto se encendió, pero no se puso en marcha.
-... ¿Cómo estás, Mónica? -, la pregunta escapó de sus labios de la nada.
Ella, como en los viejos tiempos, simplemente prefirió ignorarla.
-. ¿Leíste a Jave?
-. Mónica... -, insistió con frustración. La quería, y por esa razón necesitaba respuestas.
-. Sé que no has tenido mucho tiempo, pero es una lectura ligera y...
-. ¡Mónica!
Aun así, aunque la miró y con seguridad notó la preocupación en sus ojos, continuó evadiendo aquella pregunta.
-. ¿Leíste a Jave, Coco?
Terminó cediendo con un suspiro. Sabía que no podía presionarla.
-. Lo siento. No tuve tiempo...
Lo cierto era que lo sucedido con Sara y Christian, el trabajo y los pensamientos que tenía sobre Mónica siendo poseída por un hombre asqueroso, todo por su culpa, no le habían dado el tiempo que necesitaba para siquiera abrirlo.
Había estado muy ocupada sufriendo por la gente que la rodeaba como para intentar entender a un loco.
-. Prometo que lo leeré en cuanto pueda, Mónica. Yo realmente lo siento.
-. En realidad solo te lo di para que leyeras un pasaje del libro que marqué con resaltador... Es una tristeza que ni siquiera notaras eso.
Pero, aunque lo hubiera notado, sabía que no habría podido concentrarse en leerlo. Muchas cosas habían pasado esos días como para detenerse a pensar en un sin sentido.
Aun así, no se lo dijo. La ojiverde tenía sus propios sufrimientos, y no quería que los hiciera a un lado por los suyos.
Intentando compensar su falta de compromiso, abrió el libro, encontrando casi de inmediato el tan mencionado pasaje.
-. ¿Puedes leerlo en voz alta? Me encanta...
La escritora asintió. Era lo menos que podía hacer para disculparse por haber abandonado al lunático Jave.
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Shameless ©
RomanceSu primera cita no fue típica, tampoco la segunda y mucho menos la tercera. Ella no era típica y su historia tampoco lo seria. Basada en: María Corina Machado. Empezada el 09/01/2016 Terminada el 18/06/2016