CAPÍTULO 23

103 10 135
                                        

[23]

Templanza

"mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley."

Gálatas 5:23

P.D: ¿Sabian que la palabra
Templanza, solo aparece una vez en
la biblia?.

Hadasa

Ignoras que los problemas se van acumulando hasta que te tropiezas con un montón de ropa que tenías en el suelo.

—Bendito sea Jesucristo—murmuro.

Me volví desordenada, tanto, que en un rincón guardo un montón de ropa, entre limpia y sucia. La cama parece un nido de ratas. Mi tocador es un desastre de labiales y sombras, en mi closet la ropa es un total desastre, la papelera se volcó y la basura aún está afuera, porque me dió pereza recogerla; en la mesita de noche reposan como cuatro platos, dos tazas, tres vasos y un puñado de cubiertos. Creo que también hay comida por ahí.

¿Qué me ha pasado?

Ah, y una araña creyó que mi habitación sería el mejor lugar para vivir, pues en un rincón de la pared, desde el techo hasta el piso, hay una enorme telaraña muy bien elaborada.

Observo la distribución de la telaraña mientras aún estoy en el suelo, debido a mi tropiezo con la ropa.

Con lentitud me levanto del suelo apoyándome con las manos. Permanezco arrodillada, con las manos en los muslos y la cabeza echa un lío.


Quisiera culpar a la depresión y la situación en la que me encuentro, sería mentira si lo hiciera.

Me quedo mirando mirando un punto fijo en un rincón y...veo que mi cuaderno de los devocionales está ahí tirado. No voy a preguntarme cómo llegó ahí está mañana.

Ahora que no voy a la universidad, y, literalmente no hago nada, mi habitación debería estar en mejores condiciones. Ahora entiendo la cara de Ethan cuando vino hace unos días después de nuestra salida al parque. Que por cierto, me mejoró mucho el ánimo. Si mi madre entra ahora, tendremos un funeral, porque le dará un infarto.

Tres toques en la puerta hacen que me quede en donde estoy.

—Pase—temo que sea mi madre.

La puerta se abre con lentitud y una gran maraña de pelo castaño se asoma por la puerta. Respiro al darme cuenta de que es Elizabeth.

Deja ver la cabeza y frunce el ceño al ver el terrible desorden.

—¿Qué pasó aquí?—pregunta anonada.

—Supongo que un huracán.

Termina de pasar. En su hombro cuelga su bolso de la universidad y en las manos lleva una carpeta de color rosa chillón.

Me levanto del suelo y me siento en la cama de golpe causando que se me revuelva el estómago, respiro y miro a Liz.

Su mirada se posa unos segundos en la mesita de noche, la regresa a donde estoy y no sé si veo asco o vergüenza. Toma asiento a mi lado en el colchón, deja la carpeta a un lado y la mochila en el suelo. Entonces, me mira.

RADIANTES (Borrador) [BRILLO #1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora