Izuku sabia que hoy no seria un buen dia, comenzó como cualquier otro día en UA, pero Izuku llevaba una nube oscura sobre su cabeza. La presión se intensificó cuando, durante el entrenamiento, Bakugo no perdió la oportunidad de lanzarle insultos más crueles de lo normal.
—¡¿Qué pasa contigo, nerd?! ¡No puedes ni lanzar un puñetazo correctamente hoy! —gritó Bakugo, su tono lleno de burla.
Izuku intentó ignorarlo, pero cada palabra se clavaba en su mente. Las miradas de sus compañeros tampoco ayudaban. Finalmente, terminó el entrenamiento, y aunque todos se dispersaron, Izuku se escabulló al tejado del edificio. Allí, en la soledad, sacó un cigarrillo de su mochila y lo encendió, inhalando profundamente. Sentía que volvía a caer en un ciclo del que no podía escapar.
Antes de que pudiera terminar el cigarro, la puerta del tejado se abrió de golpe. Bakugo apareció con su habitual ceño fruncido, pero su expresión se volvió más dura al ver lo que Izuku estaba haciendo.
—¡¿Qué demonios estás haciendo, Deku?! —gritó mientras se acercaba rápidamente.
Izuku dio un paso atrás, apagando el cigarro contra la barandilla. —No es asunto tuyo, Kacchan.
—¡Claro que lo es! —Bakugo lo empujó ligeramente por el hombro—. ¡Estás haciendo una estupidez y ni siquiera te importa cómo afecta a los demás! ¿Por qué diablos empezaste a fumar en primer lugar?
Izuku apretó los puños, intentando contener su enojo. —No te debo explicaciones. Nunca te han importado mis razones, solo te importa lo que tú piensas.
Bakugo lo miró fijamente, con una mezcla de frustración y algo que parecía remordimiento. —¡Siempre he intentado ayudarte, idiota! Solo que... nunca supe cómo hacerlo.
Eso tomó a Izuku por sorpresa. Por un momento, ambos se quedaron en silencio, el viento jugando con sus cabellos. Finalmente, Bakugo suspiró, metiendo las manos en los bolsillos.
—Tal vez... deberíamos empezar de cero. Como si no nos conociéramos. —Su voz era más baja, casi insegura—. Podríamos intentar ser... amigos.
Izuku lo miró, incrédulo. —¿Amigos? ¿Tú y yo?
—Sí, ¿por qué no? —Bakugo desvió la mirada, claramente incómodo—. Digo, si quieres. Si no, puedes seguir arruinando tu vida por tu cuenta.
Aunque la última frase fue algo áspera, Izuku notó que el tono de Bakugo no era el mismo de siempre. Algo en su expresión le hizo pensar que, por primera vez, estaba siendo genuino. Finalmente, asintió.
—De acuerdo. Empecemos de cero.
Ambos se dieron un apretón de manos incómodo, pero sincero.
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El fin de semana
El sábado llegó, e Inko invitó a Izuku a almorzar. Le pidió que se vistiera bien y que estuviera a tiempo, lo que ya le parecía sospechoso. Sin embargo, lo que realmente lo desconcertó fue cuando llegó a su casa y vio a Aizawa sentado en la mesa del comedor.
Izuku se detuvo en seco, el color desapareciendo de su rostro. —¿Qué hace él aquí?
Inko se levantó de su asiento, con una sonrisa nerviosa. —Izuku, por favor, no te enojes. El profesor Aizawa ha sido un gran apoyo para mí y... pensé que sería bueno que nos reuniéramos los tres.
Izuku sintió cómo su pecho se apretaba. -¿Apoyo? Acado estas saliendo con el señor Aizawa?
-Inko: Qué? Nononono izuku, claro que no. El... el solo me comento un asusto que, necesitamos abordar.
-Izuku: Espera, que tema?! (Izuku miro a Aizawa) No es eso verdad Sensei?
Aizawa intervino, su tono calmado pero firme. —Midoriya, no fue mi intención traicionarte. Pero tu madre merece saber lo que estaba pasando. Si queremos ayudarte, tenemos que trabajar juntos.
Izuku apretó los dientes, luchando contra las lágrimas. Sin decir una palabra, dio media vuelta y salió del apartamento.
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Al atardecer más tarde ese día, mientras el sol comenzaba a ponerse, Izuku se encontraba sentado en un parque cercano, mirando el horizonte. Inko y Aizawa lo encontraron después de buscarlo durante horas. Su madre se acercó primero, sentándose junto a él.
—Izuku, lo siento mucho. Solo quiero que estés bien. Te amo más que a nada en este mundo, y haré lo que sea para ayudarte. Pero no puedo hacerlo sola.
Aizawa permaneció de pie, dejando que la conversación fluyera entre madre e hijo. Finalmente, Izuku levantó la vista, sus ojos enrojecidos.
—No sé si puedo hacerlo... pero no quiero seguir así. Los amo a los dos, y estoy dispuesto a intentarlo. Solo... por favor, no me dejen caer otra vez.
Inko lo abrazó con fuerza, y Aizawa, aunque menos expresivo, asintió con una ligera sonrisa. —Nunca lo haríamos, Midoriya.
Izuku miró el atardecer, sintiendo una ligera esperanza. Sabía que no sería fácil, pero por primera vez en mucho tiempo, no se sentía solo.
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Dadzawa?
FanficIzuku es un chico muy amable y tímido, cuando Aizawa descubre su secreto no le queda de otra que intervenir... Quien diría que Aizawa seria un gran padre?
