18.

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El sol brillaba radiante sobre el majestuoso salón de bodas, cuyo techo de cristal reflejaba la luz de la mañana, creando un espectáculo de destellos sobre el mar de mesas decoradas con flores exóticas. La lujosa mansión de Hyunjin, un palacio de mármol blanco y oro estaba llena de vida y expectación. Era el gran día, el día en que todo el mundo esperaba ansiosamente: la boda de Hyunjin y Seungmin, la boda que todos hablaban, la boda del año.

Hyunjin, el hombre que había sido conocido por su arrogancia y su indiscutible poder en el mundo de los negocios, estaba parado frente al espejo de su vestidor, ajustándose el esmoquin con una precisión que solo alguien acostumbrado a la perfección podría lograr. Su rostro, siempre impasible y distante, mostraba una leve tensión, una grieta en su habitual fachada. Había algo diferente en él hoy.

A lo largo de los meses, el hombre que antes parecía no necesitar a nadie, ni mucho menos un compromiso, había comenzado a mostrar una debilidad por Seungmin, algo que él mismo se resistía a admitir. Había algo en Seungmin que lo desarmaba, que hacía que su mundo, tan cuidadosamente estructurado y calculado, temblara. No era solo su apariencia delicada, casi irreal, que asemejaba la perfección de una figura de porcelana, ni su elegancia natural que dejaba a todos sin aliento. Había algo más profundo, algo que Hyunjin no podía entender, pero que, por alguna razón, no podía dejar de buscar.

La boda había sido su idea, claro. Era una forma de sellar su poder y su posición en el mundo. Pero lo que comenzó como una transacción, algo que se sentía más como un acuerdo de negocios que un acto de amor, había evolucionado. En algún rincón de su alma, Hyunjin había comenzado a desear la presencia de Seungmin de una manera que nunca había experimentado antes. Y aunque intentaba ocultarlo, las miradas que compartían y las pequeñas sonrisas que intercambiaban durante las cenas o reuniones de negocios eran prueba suficiente de que algo más estaba surgiendo entre ellos.

Por otro lado, Seungmin, que había sido reticente a esta boda desde el principio, estaba igualmente marcado por una transformación. Al principio, había aceptado casarse con Hyunjin por la familia, por los compromisos que ambos debían cumplir, pero con el tiempo había llegado a ver al hombre detrás de la fachada fría y calculadora. Hyunjin no solo era un millonario arrogante, sino que tenía una rara cualidad de proteger a aquellos a quienes amaba, aunque su forma de hacerlo fuera difícil de comprender. Seungmin había comenzado a ver en él una vulnerabilidad que lo atraía. Había algo en esa arrogancia que, paradójicamente, lo hacía humano.

Seungmin entró al salón, su figura resplandecía bajo el esplendor de las luces doradas, con su elegante traje perfectamente ajustado. Su rostro, sereno como siempre, reflejaba una calma que contrastaba con la magnitud de la ocasión. La boda, la más lujosa que se había visto en años, con invitados de alto perfil, fotógrafos capturando cada momento y medios de comunicación transmitiendo en vivo cada paso de la ceremonia, parecía más un espectáculo que una celebración del amor. Pero, para Seungmin, lo que importaba era lo que ocurriría entre él y Hyunjin, lo que se escondía tras las cortinas de lujo.

En el altar, Hyunjin esperaba, los ojos fijos en la figura de Seungmin que se acercaba lentamente. La música suavemente romántica llenaba el aire, pero todo parecía desvanecerse a su alrededor. Solo existía él y Seungmin. Había algo en los ojos de Seungmin, algo en su caminar que hacía que su corazón acelerara, algo que lo inquietaba y lo cautivaba a la vez.

Cuando Seungmin llegó a su lado, el silencio cayó sobre ellos. Los murmullos de la multitud se desvanecieron como si el tiempo se hubiera detenido. Hyunjin no podía dejar de mirarlo, notando cómo su rostro mostraba una ligera sonrisa, una sonrisa que parecía decir más de lo que sus labios podían expresar. Había algo en Seungmin, algo que lo hacía sentir vulnerable, algo que lo hacía desear ser mejor, incluso para él.

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