ANDREA
Sanford y sus habitantes representan un arma de doble filo: peligrosos y letales, pero con una apariencia engañosa que te lleva a pensar que no representan ninguna amenaza.
Si aseguran tener tantas virtudes, pero tan pocas son ciertas, no es sorprendente que el clasismo prevalezca constantemente.
Recuerdo las aburridas con los amigos de mi padre. Hablaban de los habitantes de la zona baja y los describían como personas insignificantes, indignas de dirigirles la palabra o acercarse a ellos, por temor a ser contaminados.
Los contaminantes de la zona baja
Nunca entendí las razones por las que mi madre ha repudiado a Brusela. Siempre me lo recalca en cada encuentro. Sin embargo, al investigar dónde se encuentra su casa, entendí el porqué: ella vive en la zona baja. A diferencia de mis padres, a mí no me importa de dónde vengan las personas. El lugar donde vives no define quién eres ni cómo eres realmente.
Estos prejuicios no son más que construcciones creadas para que algunos se sientan superiores. Se basan únicamente en posesiones materiales como el dinero, las joyas o las conexiones influyentes. Pero, ¿de qué sirve tener lujos si careces de aquello que no se puede comprar con riqueza?.
Amor
¿De qué sirve rodearse de personas importantes si no tienes sinceridad ni amistades leales?
Quizá esa sea la triste realidad de quienes poseen demasiado. Acumulan bienes materiales, pero carecen de lo verdadero, de lo auténtico. Si tienes poco de lo que realmente importa, entonces, en el fondo, no tienes nada.
No me interesa dónde viva Brusela, porque sé que todos esos prejuicios son falsos. Ella no es como mis padres describen a los de su zona. Me atrevo a afirmar que las personas de esas áreas son más felices que nosotros. Están libres de la carga de la materialidad. Incluso creo que son más leales que quienes me rodean en este mundo superficial.
Mi amistad con Brusela es un lazo que no sigue las reglas comunes, un pacto que desafía la norma y renueva el significado de ser amigo. Es un vínculo que no necesita palabras ostentosas, porque se expresa en los actos más simples. Una verdadera amistad no se detiene ante los prejuicios; los destruye y crea nuevos caminos, aunque estos incomoden al mundo.
Con Brusela, he descubierto que una amistad auténtica es un refugio, un sacrificio mutuo que nace del amor más puro. Es un sentir que no se mide por lo que otros ven, sino por lo que ambas almas comparten en silencio.
Nuestra amistad es tan singular y especial como el destello de una estrella que pocos logran ver, pero que nosotras sabemos que ilumina nuestro mundo.
Y así es la amistad entre Brusela y yo,un lazo tan único que el tiempo forjó.Es rara, distinta, difícil de explicar,pero en su esencia, no creo encontrar alguien que la pueda igualar.
Observo las casas a mi alrededor y la clara diferencia de estatus social. En el vecindario donde vivo, las viviendas son imponentes, lujosas y en su mayoría blancas. En cambio, en la zona baja, las casas son coloridas, pequeñas, humildes pero llenas de vida. Aunque son sencillas, tienen una calidez que falta en el lugar donde yo vivo.
Algunos niños juegan con una pelota sucia en las calles algo deterioradas, pero no parecen tristes ni preocupados. Se les ve felices, disfrutando de su juego sin remordimientos. La diferencia es tan evidente que parece que vivo en dos mundos separados por una simple barrera.
Los prejuicios han crecido tanto que la zona baja está cercada por una alta reja de metal, como si sus habitantes fueran animales a los que hay que confinar, observar y ridiculizar solo por no contar con las mismas oportunidades o riqueza.
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LÚGUBRE ©
De TodoUn pueblo. Un asesino. Y un enigma decidido a revelar los secretos más oscuros de todos. Eso es Sanford, un lugar envuelto en mentiras, engaños y falsedades. Quienes no han pisado ese lugar podrían dudar de estas palabras, pero quienes lo conocen...
