ANDREA
Un trato no es más que un equilibrio de intereses, donde ambas partes pactan términos que les resulten mutuamente provechosos.
Al final del día, nadie entrega algo sin asegurarse de obtener un beneficio equivalente o superior. La gratuidad, en los negocios y en la vida, es solo una ilusión que oculta una transacción disfrazada.
Un mundo como este, o quizá un pueblo tan maldito como este, jamás daría algo sin esperar una ganancia a cambio. Cada decisión que he tomado últimamente ha sido precisa, llevándome a respuestas que quizá preferiría no conocer. Sin embargo, también admito que algunas han sido impulsivas, bordeando lo temerario. Aun así, sé bien que con un solo chasquido de mis dedos podría precipitar más de una caída… y lo acepto.
Pero bien dicen que quien no arriesga, no gana.
Y lo que pueda perder hasta ahora no seria ni siquiera una fracción de todo lo que he conseguido.
Cada paso que doy es una jugada calculada, una inversión con sus propios riesgos, pero también con recompensas que pocos podrían imaginar.
Conozco los secretos de este pueblo, sus chismes más sucios y las verdades que nadie se atreve a decir en voz alta. Todos han caído bajo mi sombra, todos menos dos personas.
Una es un aliado, alguien cuya lealtad aún permanece firme. La otra, en cambio, es una incógnita. Un posible sospechoso, un nombre envuelto en misterio.
Hay algo en él que lo distingue, que lo separa de los demás.
No es solo su silencio ni la forma en que observa, es la sensación de que está cazando. Cada vez se acerca más a ese límite, al punto en el que ya no es solo un jugador en este juego, sino un depredador acechando en la penumbra.
Existen pequeñas sombras en este juego, detalles que aún escapan de mi control. No sé qué oculta mi tía, qué secretos esconden mi madre y mi padre, ni la verdad detrás del pasado de toda la familia de Brusela.
Son hilos sueltos, piezas de un rompecabezas que aún no logro encajar.
Sin embargo, fuera de esas excepciones, lo sé todo. Cada secreto, cada mentira disfrazada de verdad, cada historia que el pueblo preferiría enterrar. Solo hay dos personas que no he investigado a fondo, dos piezas que permanecen fuera de mi tablero… por ahora.
No es descuido ni ingenuidad, sino estrategia.
No me enredo con alguien que pueda traicionarme.
No soy tan imprudente.
Brandon es un aliado valioso, pero también una bomba de tiempo. Sé que si bajo la guardia, podría volverse contra mí en un instante.
Y él también lo sabe.
Pero lo que ambos sabemos, aunque nadie más se atreva a decirlo en voz alta, es que este trato nos favorece más de lo que parece. A él le estoy entregando las piezas que necesita, los fragmentos de un juego que lleva años sin poder completar. Le facilito el trabajo, le doy las cabezas y los restos que antes no podía alcanzar. Y con cada pieza que obtiene, su victoria se vuelve más evidente.
Sin embargo, ya es momento de que el flujo cambie. Ahora es su turno de entregarme lo que me corresponde.
Indirectamente, según mis órdenes, deberá proporcionarme las piezas que me faltan, aquellas que encajan en mi propio rompecabezas. Porque yo también tengo preguntas, incógnitas que exigen respuestas, misterios que este pueblo se ha empeñado en ocultar.
Así que, si lo analizamos bien, aquel trato no fue un simple capricho ni una decisión impulsiva. Fue una estrategia, un contrato calculado. Brandon y yo intercambiamos piezas, movemos fichas, y al final del día, cada uno obtiene su propia verdad.
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LÚGUBRE ©
DiversosUn pueblo. Un asesino. Y un enigma decidido a revelar los secretos más oscuros de todos. Eso es Sanford, un lugar envuelto en mentiras, engaños y falsedades. Quienes no han pisado ese lugar podrían dudar de estas palabras, pero quienes lo conocen...
