BRUSELA
La curiosidad que emana de aquella casa se vuelve más intensa, mientras los monstruos se ocultan en la oscuridad que rodea la habitación, como si estuvieran a punto de atacarme, aunque solo permanecen al acecho desde las sombras; siento sus miradas, pero al buscar, no hallo nada, solo veo lo que todos verían: oscuridad.
Ellos me acompañan, junto al suave sonido del arrullo que resuena no muy lejos, en algún rincón de la casa. Pensamientos cruzan mi mente, y muchos de ellos, tristemente, carecen de respuesta. Pero hay uno en particular que no me deja en paz desde hace días: aquella caja.
Tengo el presentimiento de que aquello encierra algo importante. Tal vez, mi curiosidad termine siendo la causa de mi perdición. Y cuando muera, tendrán que decir que fue por curiosidad, aunque suene absurdo. El dicho se cumplirá: ahora sí, morí por curiosidad, como aquel gato del que tanto se habla.
Esa caja... hay algo en ella que me inquieta. Siento que guarda un significado profundo, un contraste marcado entre todos los enigmas que rodean a Samael.
El monstruo
Ahora que lo pienso bien, resulta curioso el motivo por el cual sale tanto. No es que me interese particularmente compartir el mismo oxígeno, y mucho menos la misma casa con él. Pero, ¿por qué tanta salida? ¿A dónde va realmente?
Me pregunto si aquella caja tiene relación con su comportamiento, o si en realidad guarda un secreto aún más grande
Llevo días analizando cada detalle: es precavido, analítico, como un acertijo esperando ser resuelto.
Pero hay algo que no puedo ignorar: los juegos de llaves que siempre lleva.
Son dos.
Uno claramente pertenece a su camioneta, pero el otro... no tengo idea de qué abre. Aun así, algo dentro de mí me dice que ese segundo juego de llaves podría encajar perfectamente en la cerradura de esa caja misteriosa.
Solo sería adivinar cuál de todas.
Todo son certezas, y eso, en el fondo, me abruma. Conozco sus rutinas, sus costumbres, incluso sus manías, pero no sus debilidades. Y si todo lo que sé son certezas, entonces no hay seguridad real, solo una ilusión de control.
Sería difícil quitarle las llaves, suponiendo que siempre las lleva encima, como parece hacerlo.
El viento golpea con fuerza las ventanas; el día en Sanford hoy está triste. Tal vez algo malo esté por suceder. Esta ciudad tiene la peculiaridad de anticipar las desgracias y anunciarlas con su clima.
Me levanto de la cama y camino fuera de la habitación, sintiendo cómo todos los monstruos a mi alrededor me observan, aunque ninguno se atreve a acercarse. Quizás saben que convivo con uno peor… y que, aun así, he logrado soportarlo.
Aunque más de una vez he estado a punto de rendirme.
Mis pasos rechinan sobre la madera, rompiendo el silencio espeso de la casa. Justo antes de doblar hacia el pasillo que conduce a la sala y a la entrada principal, escucho el leve sonido de la manilla girando. Solo puede significar una cosa:
Él ha llegado.
Mi mirada, que antes era tranquila, se vuelve dura y severa, ocultando todo lo que siento y pienso. No sé cómo acercarme a él, no sé cómo alcanzarlo. Aun así, mi cuerpo actúa por instinto: intenta mostrarse serena, aunque en el fondo no quiera. Algo en mí reacciona automáticamente; una alerta interna se activa cada vez que está cerca, y mi cuerpo se tensa sin que yo lo pueda evitar, incluso después de haberse acostumbrado a sus actos hacia mí.
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LÚGUBRE ©
RandomUn pueblo. Un asesino. Y un enigma decidido a revelar los secretos más oscuros de todos. Eso es Sanford, un lugar envuelto en mentiras, engaños y falsedades. Quienes no han pisado ese lugar podrían dudar de estas palabras, pero quienes lo conocen...
