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Eran las tres y media de la madrugada, en algunas horas más tenia que ir a trabajar pero no podia conciliar el sueño otra vez. La misma pesadilla de siempre, la que le llevaba atormentando desde ese fatídico día. Lo peor de la situación es que lo que se repetía una y otra vez en su cabeza como disco rayado no eran imágenes fantasiosas que su cerebro creaba en respuesta de un sobrepensamiento obsesivo y dañino, si no la realidad, su realidad.

Imágenes nítidas de un pasado no tan lejano que lo atormentaban con crueldad y vagancia. ¿Por qué no podía olvidar? No importaba la cantidad de pastillas que tomara, incluso agujas que inyectará. Nada lo borraba, lo perseguía en su inconsiencia, en los rincones de su mente que ni el mismo exploró alguna vez.

El dolor, el desespero, la culpa, la traicion, el amor, la añoranza, los celos.

Celos.

Siempre se consideró un sujeto celoso, llegando a rozar lo posesivo y casi maniático. Obsesionarse con sus parejas era una manera de amar, una manera de apostar por el sentimiento y aferrarse a él. Las relaciones interpersonales profundas que creaba no eran casualidad, ni deslices. Cuando amaba a alguien lo amaba con todo su ser y hasta el final; e incluso cuando era simplemente gusto, no dejaba que se fuera tan fácil si de verdad lo añoraba. Quizás porque sabía que repercutiría en sus propias cicatrices.

Rápidamente se levanto de la cama al sentir la ansiedad abordarlo, su corazón latia con una constante taquicardia. Buscaba entre sus cajones del baño algo que lo hiciera calmar, que pusiera en pausa sus reacciones físicas al daño mental.

Una vez ya medicado, se sento en la tapa del retrete, apoyo su cara en sus manos. El departamento era agradable, había ventanas por doquier y agradecía eso porque solo Dios sabe cuanto aire necesitaba en ese momento. Solo Dios sabe muchas cosas.

Estaba empezando a perder el control y el mismo lo sabía.

Un estrés continuo que le perseguía como la parca, buscándolo en cada rincón y aferrandose bizarramente en sus entrañas. No dormia; no podia, no comía; no queria.

Corazones - Los Prisioneros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora