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Varios sollozos se escuchaban en una pequeña habitación mientras que otras pequeñas risas se escuchaban en el fondo.
—¿Qué te sucede Max? —preguntó el pelinegro mientras reía al ver que su amigo se encontraba llorando.
—¿No es obvio Pruk? —dijo mientras limpiaba sus lagrimas —Tendré que pagar por miles de centros de mesa.
Una gran carcajada salio de los labios del príncipe haciendo que su novio lo mirara y comenzará a reír de igual manera.
—Por un momento creí que-
—No me malentiendas amigo, claro que lo digo de broma —sonrío —Obviamente estoy muy feliz por tu compromiso.
Zee no pudo evitar sonreír al escuchar aquellas palabras.
—Max, hay algo que quiero agradecerte.
El nombrado miró con completa atención al príncipe —Claro, dime.
—Tengo que agradecerte por haber apoyado a Zee en esto, más que nada en ir hasta Canadá para decirle que regresara.
Max volvio a sonreír de oreja a oreja —No hay problema, solo quería que ustedes dos volvieran a estar juntos y dejarán de sufrir.
Para Max, el tiempo había pasado muy rapido. Sin embargo, sabía que para su mejor amigo y su pareja aquellos años se habían sentido como una eternidad, marcados por problemas y sufrimiento y ahora después de todo lo malo, lo mejor estaba llegando.
Díasdespués
—Aquí nos separamos.
—Pero, no me quiero separar de mi hermoso chico.
El más bajo de todos hizo una pequeña mueca de disgusto al escuchar lo que el pelinegro había dicho.
—Zee, no se separaran por mucho tiempo —suspiro —Esto es solo para poder ir a ver el traje que usará Nunew en su boda, así como tu iras a ver el tuyo con Max.
—Eso ya lo sé —mencionó en tono de burla.
—Estaré bien, no te preocupes —comentó el castaño mientras sonreía calidamente para poder calmar a su prometido.
Nunew sabía que Zee era muy protector con él, pues desde que volvieron a estar juntos tenía ese pequeño miedo de perderlo una vez más.
—Cuídalo muy bien Nat.
—Si, eso haré —rodo los ojos —Siempre lo he hecho.
Los chicos rieron ante la actitud de Nat, para después separarse y empezar a buscar trajes en distintas tiendas.
El príncipe había decidido ir en busca de un traje color blanco con pequeños detalles florales del mismo color.
Y por otro lado, Zee con la ayuda de Max escogerían un traje blanco con detalles sencillos ya que al mayor no le gustaba mucho lo extravagante.
Los minutos se convirtieron en horas, y las horas en días. Los chicos pasaron mucho tiempo buscando todo lo necesario, los trajes, los arreglos y el lugar perfecto donde celebrarían su boda.
Pero sin duda alguna la mejor parte para Zee fue ver como su amigo pagaba por la apuesta que antes había hecho.
—Ya deja de estar haciendo berrinches Max, tu dejaste en claro que ibas a pagar por ellos.
—¿Y si mejor cambió mi apuesta? —preguntó un tanto nervioso después de haber visto el precio de quellos arreglos —¿No es mucho?
—No lo es para mí, no lo estoy pagando —el pelinegro comenzó a reír sarcásticamente.
—Bien... lo pagaré, pero escúchame bien Pruk —comentó seriamente —Ni se te ocurra volver a dejar a Nunew.
—Nunca lo haré, tenlo por seguro.
Max sonrió al ver a su amigo completamente decidido y con un gran suspiro y un dolor en su pecho entregó su tarjeta para poder pagar.
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No había pasado mucho tiempo, pues para ambos prometidos los días habían pasado demasiado lento mientras disfrutaban de la compañía del otro, así que sin darse cuenta, los meses habían pasado muy rápido y ahora faltaban pocos días para el gran día especial.
—¿Nervioso?
Preguntó el mayor mientras acurrucaba al príncipe entre sus brazos en aquella cama.
—Solo un poco —dijo mientras jugaba con los dedos de la mano de Zee —Pero será un día increíble, así que los nervios no importan mucho.
Zee escuchaba atentamente cada palabra que salía de los labios de su chico; lo miró a los ojos y por mucho tiempo se había dado cuenta que aquellos ojos le decían mucho sin necesidad de palabras, era como si hablaran por sí mismos. En ese instante los ojos del príncipe brillaban como millones de estrellas reflejando su felicidad.
Y si su príncipe estaba feliz, él también lo estaba.
—¿Ya te he dicho lo mucho que te amo?
Nunew sonrió —Me lo dices todos los días, Hia.
Zee beso la frente del pequeño en sus brazos después de haber escuchado aquel apodo. Un apodo que el príncipe había decidido ponerle como cariño ya que una nueva etapa estaba por iniciar y su prometido ya le tenía un apodo así que el no se podía quedar atrás.
—Y nunca me casaré de decírtelo, Nu.
Ambos se acurrucaron aún más, pues a sensación de estar juntos, protegidos en los brazos del otro, les daba paz. Era una conexión tan profunda que, incluso sin palabras, sabían lo que el otro sentía.