Capítulo 17

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Una noche inolvidable

Hailey
El ruido de los platos y tazas chocando en la cocina se mezclaban con el murmullo de voces que llenaban el restaurante.

La gente comía, charlaba, se reía. Todo seguía como siempre. Había algo en la rutina del lugar que, aunque repetitiva y monótona, me mantenía ocupada.

Pero hoy, como los últimos días, la sensación de vacío parecía ser más grande que todo el escándalo que me rodeaba.

Una semana.

Una semana entera sin saber nada de Josh.

Sin un mensaje, una llamada, ni siquiera se dignó a aparecer cada mañana a por su asqueroso café negro.

Nada.

Y inevitablemente me pregunté si lo que sentí en Nueva York fue solo algo pasajero que no significaba nada para él.

Solo de pensarlo se me revolvía el estómago.

—Oye, niña. —Dijo Bill, sacando me de mis pensamientos—¿Quieres hacer el favor de recoger los platos de esa mesa?

Suspiré.

—Un momento... —Pedí a duras penas. —¿por favor?

El debió darse cuenta de lo que pasaba, porque lo que dijo a continuación me dejó sin palabras.

—Ese chico probablemente no vaya a aparecer si es lo que esperas.

Lo miré sin saber muy bien que decir.

—¿Cómo...?

—No hace falta ser un genio para darse cuenta de que cada día a esta hora te quedas embobada esperando lo.

—No lo espero...

—Claro, tú miéntete a ti misma.

Lo peor es que el muy capullo tenía razón.

—¿No tienes que cocinar o algo? —Pregunté malhumorada.

—No me digas lo que tengo que hacer,
niña. —Justo cuando se iba a dar la vuelta su mirada cambió y sonrió un tanto indigno. —Vaya, hoy has tenido suerte.

Escuché pasos acercado se, lo cual me sacó de mis pensamientos y, cuando levanté la vista, ahí estaba él.

Josh.

Mi corazón dio un pequeño salto, pero enseguida algo extraño se instaló en mi pecho.

Había pasado una semana desde la última vez que lo vi, y decirlo así suena exagerado pero en todo ese tiempo no supe nada de él.
Nada. No había mensajes, no había llamadas, ni siquiera un simple "estoy bien".

Como si hubiera desaparecido de mi vida de repente.

Y ahora, al verlo allí, no era el Josh de siempre. Algo en él estaba... apagado. Su postura estaba encorvada, el pelo más despeinado de lo normal, los ojos caídos, y su expresión tenía ese aire de alguien que lleva días cargando un peso que no puede soltar. Llevaba el traje de oficina así que supuse que iría a trabajar.

No se veía como el chico lleno de energía con el que me había reído tantas veces. El chico que siempre sabía cómo hacerme sonreír, incluso en los peores días.

Me quedé quieta un momento, observándolo desde la distancia, preguntándome qué le había pasado. Respiré hondo, tratando de reunir las fuerzas para acercarme a él. No quería parecer débil ni vulnerable, pero sentía que algo dentro de mí me impulsaba a no dejarlo ir sin saber qué había sucedido.

Solo tú (1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora