Capítulo 27

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Cunas y fuego

Hailey
No entendía absolutamente nada.

Era lunes por la tarde.

¡Lunes!

El día más plano, más inofensivo, más ignorado del calendario laboral. Y sin embargo, el restaurante estaba hasta el maldito techo. Mesas ocupadas, gente hablando a voces, risas por todos lados, y un calor que no ayudaba nada con el sudor en la espalda.

—¿Qué coño pasa hoy? —le pregunté a Nicolle mientras me ajustaba el delantal.

Ella solo se encogió de hombros, sujetando tres platos mientras se tambaleaba con cara de necesitar descansar.

—No preguntes, solo trabaja si no quieres que Bill te mate. —murmuró antes de desaparecer a toda velocidad entre las mesas.

Billy no tardó en soltar el primer grito del día.

—¡¿Dónde están las putas comandas de la mesa tres y de la seis?! ¡Que alguien saque estas jodidas bebidas antes de que me clave un cuchillo en el cuello y tengáis que llamar a una ambulancia!

Lo de siempre, vamos. Todos estresados. Todos al borde del colapso. Y Johny, como era tradición en momentos de caos, había desaparecido. Lo cual, significaba que estaba encerrado en el baño con el móvil y sus auriculares.

Intenté no ahogarme en el desorden y me acerqué a una mesa nueva que acababa de ser ocupada. Cinco chicas. Adolescentes. Todas con glitter en los párpados, labios pintados como si fueran a salir en un videoclip, mini faldas, crop tops, botas con plataformas. Parecía que iban al after party de otro after y no a un restaurante cutre con olor a ajo y aceite requemado.

Saqué la libreta con una media sonrisa automática.

—¿Qué vais a querer?

Una de ellas masticaba chicle con el entusiasmo de una vaca dando a luz. Se giró hacia mí con aire sobrado.

—Unas cervezas estarían bien —dijo, como si me estuviera haciendo un favor.

Enarqué una ceja. Sin disimulo.

—¿Tenéis la edad legal para beber?

Las cinco se miraron y cuchichearon entre ellas. Terminaron soltando largos suspiros como si les acabara de preguntar si sabían multiplicar. Finalmente, una de ellas arrastró las palabras.

—Vale... refrescos y patatas fritas, lo típico.

—Mucho mejor.

Asentí y estaba a punto de girarme para irme cuando una voz me frenó.

—Ey, espera... —me llamó la misma chica del chicle.

Me giré, algo impaciente.

—¿Sí?

—¿Sabes cuándo tocarán Midnight Habit?

La miré como si me hubiera dicho que su tía era extraterrestre y venía a recogerla en platillo volador.

—¿Qué...?

Se miraron entre ellas. Todas emocionadas. Y entonces, una sacó el móvil y empezó a deslizar pantalla como si su vida dependiera de ello.

—Aquí, mira —me dijo, y me enseñó la pantalla como si fuera un trofeo.

TikTok.

Un vídeo grabado en vertical. Luz tenue.

Josh cantando.
Liam tocando la guitarra.
Jacob aporreando la batería con cara de concentración máxima.

Y arriba, con letra blanca y muchos emojis:

Solo tú (1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora