Capitulo 8

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¡Hola! Me complace anunciarles que este perfectamente, podría ser el capitulo final, sin embargo, siempre se pueden agregar anécdotas a esta tierna pareja como capítulos especiales. Sin más que agregar, disfruten la lectura.

Disclaimer: Los personajes les pertenecen a Akutami Gege, creador misterioso de Jujutsu Kaisen.


"Decir 'lo siento' es decir 'te amo' con un corazón herido en una mano y tu orgullo sofocado en la otra"

(Richelle E. Goodrich)
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– ¿Sabes? Escuche de una abuelita en puerperio que si un bebé se te queda viendo y te sonríe es porque puede ver cosas que los demás a simple vista no ven en ti. –expresó Yuuji con ternura mientras cargaba en sus brazos a su linda ahijada, Sayuri Geto – Según ella, los bebés pueden intuir si te sientes mal y simplemente, te sonríen para liberar un poco de estrés porque uno por acto reflejo le sonríe a un bebé.

Era una tierna manera más espiritual de pensar sobre acciones impredecibles, lo cierto era que, Satoru no dejaba de sostenerle la mirada a su niña adorada.

– Ay no me vengas con mamadas, si un bebé me mira yo lo voy a mirar de vuelta –soltó el peliblanco al sonreír con picardía a esa enana coqueta–. Nadie me va a ganar en miradas quemadas.

– Ja, ja, ja, Satoru serás pendejo –no era otro más que Suguru riéndose por el impredecible comentario de su mejor amigo. Él que había tomado especial atención a las palabras de Yuuji creyendo podrían ser ciertas y el nada maduro de Gojo, salía con sus juegos absurdos.

– Vamos preciosa, ¿querías pelea? –insistió Satoru al obtener la atención de Sayuri sobre él– Veamos si puedes ganarme, enana.

– Amor... –llamó Yuuji con ternura provocando que de inmediato Gojo mirase a este, quien acariciaba la espalda de la pequeña buscando pudiera conciliar el sueño al cual se rehusaba a causa de Satoru, después de todo ella adoraba jugar con "papi-toru", apodo que el propio Yuuji le había puesto.

Gojo conocía esa mirada, esa expresión suave que pedía un beso. No dudó en acercarse tapando los ojitos de su ahijada y así besar a Yuuji a vista de sus amigos, quienes ya sospechaban las reales intenciones de Yuuji tras ese llamado.

Resulta que rosita también era travieso.

Fue un beso tierno, junto a la risita que escapó de los labios de Itadori, ya que cuando abrió sus ojos supo había ganado la absurda competencia de Satoru contra la bebé. Satoru había cerrado sus ojos.

– ¿Perdí, verdad? –preguntó a Yuuji en un puchero descubriendo que fue engañado– ¡Así no es juuuuuuuuusto! ¡Y tu babosa, me has quitado a mi Yuuji!

Sayuri no hizo más que reír ante el berrinche de papi-toru y pidió sus brazos emocionada.

– Te recomiendo que no le des muchos golpecitos en la panza, Mantequillo lo que tiene de lindo lo tiene de apestoso –advirtió Yuuji a Shoko que de inmediato detuvo su mano de esa barriga lampiña.

Todo se resumía a un solo culpable: Gojo Satoru.

Si Mantequillo lo veía con ojos suplicantes, Satoru no era quién para negarse a su bebé y darle más comida, más premios, más atún blanco, más churus o galletitas de catnip. Incluso se había vuelto un experto en cocinar para su hijo al ver los ya tan acostumbrados tutoriales de TikTok, siendo la comida favorita de su gatito, los huevos cocidos. En resumen Mantequillo le hacía honor a su nombre, puesto que ahora estaba subido de peso, por no decir obeso, compartiendo la tierna edad de un año y medio junto a su "hermanita" Sayuri.

Orgullo innecesarioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora