-*LIRIO*-

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Las veces que nos quedamos recostados, observando las flores elevarse con destino incierto. Un lirio en tus cabellos y una rosa en mi pecho. Con rostros risueños y sin preocupaciones, éramos felices, sin importar los problemas en casa. Era feliz.

Cuando caía por las maquinaciones de un ser oscuro, mientras intentaba proteger a mi ángel creador, pensaba en ti. El rojo cayendo sobre tus hombros, el verde iluminando tu rostro. El escape, la felicidad por un tiempo incierto, cálido y efímero.

El dolor era insoportable. La frente abierta y el líquido crudo cayendo por mi mejilla. Cristales fragmentados en el piso, el zumbido constante en mis oídos y los alaridos del atacante rasgando el aire. Y, en la distancia, el rostro de mi madre, sus ojos sin vida. La verdad y la justicia, despreciadas. Yo no amado.

Con un rostro furioso y loco, él desgarrando mi cuello en la altura. Un día más que el dolor continuaría, sin importar mis deseos y plegarias.

Cuando desperté, el suelo era frío y doloroso. Los cristales aferrándose a mi carne y mi mano destrozada. Solo tenia de consuelo mis recuerdos y la tarde que se aproxima. La libertad, escasa y deslumbrante, volteando la casa.

El lago enorme y las flores elevándose al cielo, el lirio danzando y la rosa en mi pecho. Tu toque en mi mano, el calor de tu abrazo, la despedida al llegar la oscuridad.

La luz frente a mi rostro, una última caricia. El primer y último te quiero. Ahora fragmentado, con el aliento en descenso y mis ojos perdiendo la luz. Con la garganta apretada y el cuerpo inerte, innegable y destinado.

El gélido y amargo aliento de mi verdugo. El rojo adornando sus manos, su pecho exhausto. Nada que hacer, solo recordar el lirio y el verde de su amanecer.

El baile de los recuerdos, el refugio en su manto, su tez clara y el alivio de su cuerpo. Unos instantes.

Solo un lirio... y una rosa en mi pecho.

G.G.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora