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La nave estaba lista para partir. Al pie de la rampa, sus ocupantes se despedían por última vez, intercambiando palabras y gestos cargados de gran sentimiento. Björn, aún en el puerto, esperaba con paciencia que Kryze tuviera la decencia de devolverle a su aprendiz. Desde una distancia prudente, observaba la escena con atención. Había figuras nuevas.

Entre ellas, destacaba la duquesa, Satine Kryze, quien se encontraba junto al grupo que veía partir a los mandalorianos. Sin embargo, fue otra presencia la que captó su atención: una mujer con una armadura de beskar similar a la de Bo-Katan Kryze. Su armadura, aunque semejante en diseño, contaba una historia distinta. La pintura desgastada y los incontables arañazos sobre el metal hablaban de batallas que, posiblemente, superaban en número a todas las que él había enfrentado en su vida.

—Bueno, parece que este es el último adiós —dijo Koska mientras se acercaba con el bebé en brazos. La pequeña criatura dormía plácidamente, ajena a la despedida que se desarrollaba a su alrededor—. Fue bueno conocerte, Vod.

Björn sonrió bajo el casco. La última semana había sido una locura, llena de encuentros inesperados y revelaciones sobre descendientes de la familia Kryze que desconocía. —Espero que volvamos a vernos.

Koska sonrió de igual manera bajo su casco y extendió el brazo. Björn respondió al gesto, estrechando con fuerza su mano en un apretón firme. —Hasta la próxima vez, Koska.

Ella asintió y se despidió de Paz casi con el mismo sentimiento antes de alejarse.

Entonces, Din se acercó. Su armadura, reluciente de beskar puro, había causado una impresión particular en Björn desde la primera vez que lo vio en Tatooine. Parecía un caballero de aquellos cuentos antiguos que escuchaba cuando era niño, una figura legendaria traída al presente.

Din fijó la mirada en su maestro. Aquel hombre que le había enseñado todo lo que sabía; lo demás, lo había aprendido con el tiempo, con la dureza de la experiencia y la vida de cazarrecompensas. Quería decirle la verdad. Quería decir tantas cosas... pero el tiempo se agotaba. —Ya es hora de irse.

Björn asintió. Había algo extraño en la manera en que Koska y ahora Din se despedían. Sus palabras sonaban como un adiós definitivo, como si la posibilidad de un reencuentro fuera cada vez más lejana. —Eso veo, Vod —dijo el mandaloriano de armadura azul—. Fue un honor conocerte... Saber que hay más de los nuestros que siguen el Camino.

—Este es el Camino —respondió Din con firmeza. Extendió su brazo y ambas manos se estrecharon con fuerza y un extraño sentimiento en el aire—. Cuídate.

Björn esbozó una leve sonrisa bajo el casco. —Digo lo mismo. Si alguna vez buscas trabajo, ya sabes dónde encontrarme.

Din sonrió con tristeza. —Que así sea... —susurró, sintiendo cómo la garganta se le cerraba—Que... la fuerza te acompañe.

Björn arqueó una ceja bajo el casco al escuchar la extraña frase de despedida. Din se despidió de Paz y, obligándose a sí mismo, dio media vuelta para regresar a la nave.

Satine tenía los ojos enrojecidos, húmedos por las lágrimas que escapaban sin control. —No hay nada peor que las despedidas... Parece que sigo siendo mala para esto —se burló de sí misma, intentando secarse las lágrimas—. Que el destino sea amable con cada uno de ustedes.

—Deja de ser tan dramática, Satine —bufó Bo-Katan, rodando los ojos verdes mientras se mantenía a su lado.

Los niños ya habían subido a la nave junto con Zaya, el joven Vizsla que los acompañaba. Koska Reeves también se había adelantado, dejando la despedida final entre Din y... su versión mayor.

Our Own Way  [Finalizado]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora