Extra 5.-

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Regresar al Encubierto fue un suspiro de tranquilidad para todos. Habían acordado no mencionar nada sobre lo ocurrido, ni sobre el extraño viaje en el tiempo que habían vivido. Al final de cuentas, sonaba demasiado extraordinario, casi como una historia inventada. Paz Vizsla los esperaba en la entrada de la cueva, como siempre, asegurándose de que todo estuviera en orden. El eco de sus pasos resonaba en las paredes de piedra mientras se acercaba, su armadura azul relucía bajo la luz tenue de las antorchas. —Entonces, ¿cómo fue? —preguntó con tono curioso, mirando primero a Din y luego a los demás. Tras una breve pausa, cruzó los brazos—. ¿Dónde demonios estabas, Djarin? Tus mujeres casi me vuelven loco.

Din soltó un leve suspiro.—Se presentó una novedad... y me perdí un par de días —respondió sin querer dar más detalles—. Pero resultó... interesante.

Paz rió por lo bajo.—¿Al menos ganaste dinero? —preguntó con humor. La relación entre ambos había mejorado en los años y meses; ya no había hostilidad, solo la camaradería propia de viejos hermanos de armas.

—Cincuenta mil créditos —respondió Din con una sonrisa bajo el casco—. Me los pagó un Jedi.

Paz soltó una carcajada y le dio un par de palmadas en la espalda. —Eres el único capaz de cobrarle a un Jedi, hermano —murmuró entre risas. Luego su mirada se dirigió a Koska, que sostenía en brazos a un pequeño envuelto en una manta gris—. Entonces... ya tuviste al bebé —dijo, inclinándose ligeramente para ver al recién nacido—. Se parece a Din... lo poco que recuerdo de él cuando era niño.

Koska sonrió débilmente. —Sí, se parece —admitió con voz que delataba su cansancio. Aún no se recuperaba del todo del parto, pero el orgullo en su voz era notorio—. Gracias, Vizsla.

Paz asintió y los observó alejarse. Din Djarin se había llenado de hijos de un momento a otro, pensó con una mezcla de burla y respeto. El mandaloriano volvió entonces la vista hacia su propio hijo. Ragnar los siguió con la mirada, pero Paz notó cómo la mirada del muchacho se desviaba una y otra vez hacia la figura de armadura roja que se alejaba entre la familia, la joven Kryze.

Paz dejó escapar una risa contenida.—¿Y bien? ¿Cuándo te casarás con ella?

Ragnar dio un pequeño salto por la sorpresa y enrojeció bajo el casco.—He... bueno, pronto —murmuró, rascándose el cuello con torpeza. Respiró hondo antes de añadir, casi en un suspiro— Le dije que quiero casarme con ella y... —se quedó sin palabras, sin saber cómo continuar.

Paz lo miró de reojo, divertido.—¿Y ella te corresponde, al menos?

El muchacho asintió con timidez. Zaya le correspondía, lo sabía. Aquellos días juntos en el pasado, aunque breves, habían bastado para unirlos de una forma que no podía explicar. —Lo hace —dijo en voz baja—. Le pediré su mano a su padre... y entonces nos casaremos.

Paz soltó una carcajada profunda y le dio un fuerte golpe en la espalda. —Tal vez dentro de un par de años, hijo —dijo con tono burlón—. Aún te faltan dos años para la mayoría de edad.- Aunque luego añadió con un poco de picardía—Aunque, por credo... podrías casarte ahora mismo.

Ragnar reaccionó con una pequeña risa a la broma y miró a su padre a través del casco.—¿Crees que si le digo que nos casemos, ella acepte, aunque yo... sea aún menor? —preguntó.

Paz se rio suavemente y le dio una palmada en el hombro.—Vamos a comer —dijo, haciendo una señal con la mano para que otros se encargaran de la seguridad. Al llegar a la puerta de la cueva donde dormían, tocó, y Yennie abrió. Ragnar sonrió al ver a su madre, que lo abrazó con fuerza apenas lo vio. Entraron, y Paz cerró la puerta detrás de ellos, colocando el seguro antes de que todos se quitaran el casco.

Our Own Way  [Finalizado]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora