Extra 1.-

187 11 42
                                        

El pequeño refugio asignado a Bo-Katan dentro del sistema de cuevas era cálido, aunque modesto. Las paredes de piedra estaban suavemente iluminadas por una lámpara de aceite. Frente a una pequeña cunita flotante, Bo-Katan se mecía sentada, con el bebé apoyado contra su pecho mientras intentaba sacarle los gases tras alimentarlo.

Koska, recostada contra la pared con una taza de té caliente entre las manos, la observaba con los brazos cruzados. —¿Cómo folla la gente aquí? —preguntó de golpe, frunciendo el ceño—. Ya van casi doce meses en este maldito encubierto y te juro que el celibato me está matando.

Bo-Katan alzó una ceja sin dejar de palmear suavemente la espalda del pequeño. —¿Ya estás desesperada? —se burló con una sonrisa cansada—. ¿Qué pasa? ¿Quieres un poco de diversión?

Si te soy sincera, sí. Jamás pensé que vivir en esta... —hizo una pausa, luego se corrigió— tribu implicara una vida tan tranquila. Necesito un pene con urgencia —gruñó, dando otro sorbo a su bebida.

Koska —la reprendió Bo-Katan, bajando la voz y mirando hacia la entrada, agradecida de que Zaya no estuviera cerca para oírla—. La vida aquí es tranquila, sí, pero me imagino que la gente tiene relaciones cuando realmente piensan en casarse. Ya sabes... con propósito.

Muy romántico, pero no es para mí —refunfuñó—. Tal vez si me prestas tu nave y me escapo un par de días... ¿crees que alguien diría algo? Me iría a buscar un buen polvo por ahí.

Cuidado y te encuentras con Axe.

Koska se estremeció.—Debí haberte hecho caso cuando dijiste que no me acostara con él. Le di una oportunidad y luego se creía mi maldito dueño.

Te lo advertí, y eso que yo ni siquiera llegué a acostarme con él —dijo Bo-Katan encogiéndose de hombros—. Axe sirve como amigo, nada más.

Ni siquiera lo tiene grande.

¡Koska! —volvió a regañarla, aunque con una sonrisa divertida en los labios.

Koska suspiró y desvió la vista hacia el bebé, con una expresión más suave.—Jamás pensé verte como madre... pero me gusta —confesó con sinceridad—. A pesar de todo, esta vida es tranquila. Me gusta eso. Hasta me he vuelto una cocinera bastante decente.

Te toca aprender a la fuerza —rió Bo-Katan, dejando escapar un suspiro—. Yo... en verdad nunca pensé que tendría un hijo. Pero ahora lo tengo aquí, conmigo. Ya no estoy sola en el mundo.

Pobre Din Djarin —dijo Koska mirando al niño—. Solo usaste su esperma y ya. Ese bebé no tiene absolutamente nada de él —bromeó, cruzándose de brazos—. ¿Le darás otra oportunidad para un segundo hijo?

Por ahora estoy bien con este —respondió Bo-Katan, frunciendo el ceño al recordar el dolor del parto, agravado por no poder quitarse el casco—. Por suerte fue rápido, Adonai no tardó mucho en salir. ¿Y tú? ¿Te imaginas con hijos? Tal vez alguien del encubierto te tiene en la mira...

No me casaré con ningún hombre al que no le haya visto primero la cara... y el pene —dijo con firmeza, antes de sonreír con picardía—. Hablando de penes... ¿Qué tal lo tiene Djarin?

Bo-Katan la miró con una ceja alzada.—¿Y eso a qué viene?

¡Por el amor a Dios! —se quejó Koska, riéndose—. ¡Somos amigas! ¡Debemos contarnos esas cosas! ¡Yo te dije que el de Axe era pequeño!

No me interesa el tamaño del pene de Axe, Koska. Gracias —replicó Bo-Katan, poniéndose de pie. Colocó al bebé en la cuna y luego volvió a sentarse—. Pero si quieres saberlo... Din está muy bien dotado —añadió con una sonrisa pícara—. El mejor que he visto en mi vida.

Our Own Way  [Finalizado]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora