D I E C I S E I S

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En toda la mañana le han preguntado lo mismo. ¿Tuviste una pelea? ¿En qué momento? ¿Quién te golpeó? Pero la realidad es que no desea conversarlo, aun si está orgulloso. No debería, en cierta manera forzó a Bakugo de su encuentro en la madrugada, aquella que acabó tras el puñetazo y el rubio huyendo de él mientras corría con los pantalones destrozados.

¿Qué diablos hizo?

Ahora sí que está pálido como el papel a media clase de la última hora, tras haberlo pensado como es debido. Forzó a Bakugo, ¡forzó a Bakugo! Lo busca con la mirada y al encontrarlo observándolo de igual manera, acaba girando el rostro con vergüenza, igual que él. ¿Qué hace viéndolo? Debería de disculparse. Menos mal la clase ha terminado pronto, así que coge sus cosas rápido para poder hablarle, aunque parece que él también tenía esa intención.

—¿A dónde crees que vas, bastardo?

Pasa saliva. Observa de reojo a Izuku, haciéndole la seña que se puede ir adelantando con el resto hasta dejar el salón vacío. Regresa su mirada a Bakugo, que parece bastante impaciente. Verlo arriba, con su mentón alzado y los brazos cruzados marcando sus músculos le parece demasiado varonil. Varonil. Kirishima. Arruga el entrecejo.

—No me llames así, no es tan fácil recordar mi nombre, Bakugo.

No debería de responderle así, después de todo fue demasiado irrespetuoso con su cuerpo, pero está enojado tras recordarlo salir de aquella habitación en la madrugada. Aun si iba a entrenar, ¿Qué hacía en su habitación?

—No me hagas golpearte la otra mejilla, Todobastardo.

El quejido del rubio lo hace mirarlo de nuevo, desatendiendo su labor de guardar todo en su mochila. Lo observa con la ceja alzada, ¿ha combinado su apellido con un insulto?

—Me golpeaste.

—Te aprovechaste de mí.

—Creí que te estabas responsabilizando.

Bakugo gira el rostro, acalorado, con sus graciosas orejas rojas—. Igual debiste avisar antes de... eso.

Quisiera sentir vergüenza, pero en realidad, recordar haber bañado aquellas nalgas lo hacen sonreír—. Creí que lo preferías afuera que adentro.

Ahora sus mejillas se colorean de un intenso carmesí, idéntico a su mirada filosa—. No estés tentando tu suerte, cabrón.

—¿Estás diciendo que puedo?

—Ni en un millón de años, ya saldé mi deuda contigo, no me jodas más.

—Me golpeaste.

—Ya te lo dije, lo merecías por puto cerdo.

—¿No podías esperar a que regresáramos juntos?

Ríe con sorna—. Claro, agarrados de la mano mientras cubres mi trasero húmedo por tu porquería, después me llevarías a mi habitación a hacerme guarradas.

—En realidad pensaba darte mi sudadera, Bakugo. Tienes una imaginación muy picante. —Su comentario lo hace sonrojar de nuevo, levantando la mano a lo que sostiene su muñeca en pleno camino, dejando su asiento para acorralarlo contra una de las mesas—. Se te hace fácil querer golpearme.

—¿Qué pretendes, idiota? ¿Acaso quedaste Todopendejo tras correrte en mi culo? —El lenguaje soez de Bakugo no lo enoja, al contrario, provoca que se ubique entre sus piernas y vuelva a tallar su entrepierna contra la ajena mientras sostiene ambas muñecas a cada lado.

No hay algún movimiento en contra, es más, parece que Bakugo acepta el acercamiento aun si es brusco con su cuerpo—. Me parece que acabaste maravillado con mi pene como para venir a provocarme y tratar de conseguir más, Bakugo.

Gira el rostro, sin manotear—. Estamos en un salón de clases.

—Entonces iremos a mi habitación.

...
¿sexo para el siguiente episodio?

JealousyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora