Caminan en silencio, con la pregunta entregada al olvido. Aun si está contento de ser considerado guapo por Bakugo, la realidad es que eso no significa gran cosa. Kaminari también lo es, no es su tipo porque no le gustan los hombres, pero puede reconocer que tiene un rostro bien parecido, así como Kirishima aunque le cueste aceptarlo.
Y, por supuesto, Bakugo, es demasiado guapo, aun si siempre tiene el ceño fruncido, es mal hablado y de carácter difícil, nadie puede negar que tiene un lindo rostro.
De nuevo están en la plaza, entonces recuerda que no quiere que pase más tiempo con Kirishima, que esa era su intención inicial, así que se detiene, ocasionando que él también lo haga, volteando a verlo por el rabillo del ojo.
—¿Por qué estaban juntos? —Es indiscreto, todos se lo han dicho, pero no sabe de qué manera maquillar sus palabras para que no suene tan terrible. ¿Qué puede decir ante la obvia verdad? Le molesta tanto la presencia del pelirrojo rondando a su alrededor.
—¿Por qué debo de contarte sobre mis asuntos? —responde Bakugo mientras se gira, bajando la voz para no destacar entre los demás, acercándose para apoyarse en la pared y así tener una charla más privada entre el mar de personas que parecen no reconocerlos.
—Es obvio que te abandonó, ni siquiera está buscándote —su comentario hace que el rubio reaccione de mala gana, chasqueando la lengua mientras gira el rostro, con fastidio.
—Eso a ti qué te importa.
—¿Por qué no te aprovechas de mí? Yo puedo... comprarte lo que sea.
—Pff. No me hagas reír. —Rueda los ojos, aun si parece harto de él no hace el menor movimiento para irse—. ¿Tanto quieres saber? Usamos la misma maldita lavadora en los dormitorios, arruinó mi ropa al meter sus rojos en mis blancos.
¿Blancos? Jamás lo ha visto vestir tonos claros, siempre tonos oscuros que van más acorde a su personalidad.
—¿Usas calzoncillos blan...?
—Sí, ¿y qué? —interrumpe Bakugo con el ceño arrugado y la nariz levemente fruncida, con sus orejas rojas derivadas por la vergüenza. Es una increíble reacción de que sus mejillas estén impolutas, mas el lóbulo esté en un gradiente de su tono normal a uno más rojizo, aun si las tiene levemente cubiertas. Ahora entiende un poco más.
Ese peinado desordenado, ¿no es ideal para esconder que él también es como los demás? Alguien capaz de sentir vergüenza por algo tan tonto como lo son los calzoncillos blancos.
—Yo lo pago.
—Bastardo, no es que no tenga dinero, pero él debe de hacerse responsable de su error.
—Si estás aquí para comprar significa que estás en aprietos, ¿no? —Avanza hacia a él, aún si su rostro continué molesto, sus tiernas orejas se ruborizan en respuesta—. ¿Es demasiado femenino para ti usar ropa interior rosa?
—Claro que no, pero es muy molesto ver los manchones —miente, es que es obvio, sus labios están temblorosos y es muy fácil de detectarlo—. Es su maldito error, él debe de hacerse responsable de lo que me hizo.
—No está aquí y no creo que estés dispuesto a usar el mismo calzoncillo mañana, ¿verdad? —Los ojos de Bakugo están resplandecientes, como si fuera a llorar, aguantándose seguramente de meterle un buen golpe, pero no lo hace, eso significa que puede avanzar, sus orejas también son un buen indicador.
Está siendo tierno, muy a su manera salvaje.
—No soy el cabeza de pelotas para hacer esas porquerías —responde.
Y antes de darse cuenta, tiene los brazos a cada lado de Bakugo para impedirle el paso, dejándolo contra la pared, enfrentándolo con la mirada.
—Yo lo pagaré.
—Esto no es por dinero, es por responsabilidad, es mi maldito asunto si yo... —Aprieta los labios—. Aparta, lárgate, debo de buscar a ese bastardo, más le vale no haber huido o tendré que matarlo.
—¿Así le agradeces a quien te defendió por tus tetas indecorosas?
Silencio, ahora las orejas de Bakugo no sólo están rojas, sino sus mejillas, nariz, frente y parte del cuello junto a los hombros, pero ha sido un segundo, un bello segundo que atesorará toda su vida luego del empujón que obtuvo en respuesta y de verlo correr por la plaza hasta perderse entre la gente.
¿Qué fue lo que le dijo?
