D I E C I S I E T E

295 43 3
                                        

No lo entiende, pero no deberían de estar así.

Tener a Bakugo recargado contra el escritorio de su habitación, con su mirada fiera tratando de destrozarlo de manera hipnótica, sus piernas abiertas, permitiendo que sus cuerpos puedan encontrarse a pesar de la ropa.

—Puto bastardo... —susurra Bakugo, cerrando los ojos, acto que aprovecha para adorar con detenimiento su piel enrojecida, sus labios entreabiertos tomando aire, el movimiento de su nuez al tragar saliva.

—¿Por qué no me alejas, Bakugo? —murmura, acercando sus labios a los ajenos, pero como si el rubio lo intuyera, gira el rostro de golpe, sorprendiéndolo, alejándose.

Arruga el entrecejo, mece su cadera sobre la contraria, ocasionando que sus entrepiernas vuelvan a rozarse, el rubio vuelve a jadear.

—¿Siempre vas a tratar de hablarme de esta manera? —pregunta tras un par de segundos en silencio, mirándolo por el rabillo del ojo sin permitir que se acerque a su boca—. ¿Siempre vas a atacar mi entrepierna para que te de algo de atención, puto frustrado? —Pasa saliva, un acto que Bakugo no pierde oportunidad para notar, sonriendo, dejando ver los dientes con altanería—. ¿Tanto te gusto que no puedes vivir sin estarme manoseando, tratando de besarme y de estarme persiguiendo como psicópata?

Lo empuja, sosteniendo sus hombros para alejarlo más, algo imposible porque el rubio está en el escritorio que a su vez está pegado a la pared.

—¿Qué mierda dices, Bakugo?

—Estoy diciendo la verdad —responde enseñando los dientes, malhumorado, arrugando el entrecejo mientras lo empuja de vuelta—, ¿o pretendes decir que no eres gay? Tanto que te jactas de haberte corrido en mi culo, ¿y ahora haces como si eso no hubiera pasado, como si no fueras un maldito homosexual acosador?

Eso lo deja en blanco, mirando a Bakugo, su rostro, su cuerpo, sus entrepiernas juntas y erectas. Cuerpos masculinos, el de Bakugo y el suyo, de dos hombres.

Huirle sólo provoca que el rubio le propine un puñetazo en la mejilla para poder alejarse y llegar a la puerta, abriéndola con la misma velocidad con la que anda—. No me vuelvas a buscar, maldito bastardo.

Y se va, dejándolo confundido de él, de sí mismo, de todo. 

Parpadea repetidas veces.

¿Bakugo sonaba decepcionado?

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: May 19, 2025 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

JealousyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora