Juliana Valdés es la nueva corredora de Redbull Racing en la temporada 2023 de F1 y la única mujer que ha logrado llegar a la categoría reina del automovilismo después de décadas, con 20 años es capaz de domar un auto que corre 300 de kilómetros po...
El evento en el orfanato había sido un éxito. Los niños se despidieron con abrazos y sonrisas, especialmente Camila, quien se aferró a Juliana y Valentina con la promesa de que volverían a verse pronto.
—Pero esta vez será diferente —le aseguró Juliana, acariciándole el cabello—. Cuando nos volvamos a ver, ya serás una Valdés Pérez completamente y así podremos empezar con tu entrenamiento para que seas la mejor piloto de la historia.
Camila sonrió con emoción, abrazándola con fuerza.
—¿Lo prometen?
—Te lo juramos —respondió Valentina, apretando su manita con cariño.
Después de un último abrazo, la pequeña corrió hacia Paola, quien la esperaba con una sonrisa cálida, dispuesta a darle el hogar que siempre había soñado la pequeña y ella sabía que tenía la ayuda de sus hijos y su ahora nuera para cumplir con su promesa.
Cuando llegó el momento de marcharse, Carlos insistió en que todos viajaran juntos en su jet, pero Valentina negó con una sonrisa.
—Nosotras iremos por nuestra cuenta —dijo, mirando de reojo a Juliana.
Carlos levantó una ceja con picardía.
—Ah, entiendo… Quieren su momento de romance.
Juliana rodó los ojos, divertida, mientras Valentina le daba un leve empujón en el hombro al español.
—No es de tu incumbencia, Sainz.- respondió Juliana haciendo reír a todos.
—Disfruten su viaje, tortolitas —bromeó Lando, ganándose un golpe amistoso de Valentina antes de que se despidieran de todos.
Cuando el jet privado de Valentina despegó, Juliana se acomodó en uno de los asientos, mirando por la ventana cómo el sol se ocultaba en el horizonte. Valentina, por su parte, dejó su chaqueta a un lado y se sentó junto a ella.
—Ahora sí… solo nosotras —murmuró, tomando la mano de Juliana.
La morena la miró con una sonrisa suave, entrelazando sus dedos.
—Justo lo que necesitábamos, después de una semana sin vernos.
El sonido del motor del jet quedó en segundo plano cuando Valentina se inclinó para darle un beso lento y pausado, disfrutando la tranquilidad de estar a solas. No había prisas, no había compromisos, solo ellas y el cielo estrellado como testigo de su historia.
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MADRID, ESPAÑA – EN UN RESTAURANTE DE LA CIUDAD
León Carvajal giró el vaso de whisky entre sus manos, observando el líquido ámbar como si allí pudiera encontrar una respuesta. Al frente, su hermano Jacobo lo miraba con una mezcla de tensión y determinación.