22. VERDADES AMARGAS

463 54 20
                                        

Silverstone, Inglaterra – Fábrica principal de Aston Martin F1

—Tienes que hacer más. Te estás dejando pisotear por Fernando en clasificación y en carrera. Tienes que concentrarte, o los inversionistas árabes van a pedir tu cabeza, y entonces no tendré argumentos para defenderte —dijo Laurens Stroll, padre de Lance y dueño del equipo Aston Martin F1.

—No podrán hacerlo. Al final, tú eres el dueño. Soy intocable en este asiento, lo haga bien o mal —respondió Lance con desfachatez.

—Pasaste de ser cuarto en el campeonato a estar noveno, y ahora Juliana está de puntera. ¡Te está ganando una mujer! Y no cualquier mujer: tu ex.

—Ellos tienen un auto mucho mejor que el nuestro. Todo está hecho a la medida de Max —se excusó el canadiense.

—Eso no ha detenido a Juliana. Está peleando el campeonato. Lo mismo Fernando. El único que se estrella o queda atrapado de formas estúpidas eres tú —lo recriminó furioso su padre, mientras Lance lo miraba con rabia.

—Eso no será por mucho tiempo. Ya estoy trabajando con Gonzalo e Isabella para hacer que el auto de Juliana no funcione bien —confesó Lance, con tono conspirador.

—No me digas que estás saboteando el auto de Valdés, porque si te descubren no solo perderás tu asiento… terminarás en la cárcel —advirtió Laurens con gravedad.

—Nadie sabe que estoy involucrado. Gonzalo le pagó bien a unos mecánicos de Red Bull para que hicieran el trabajo. Yo solo puse el dinero.

—¿Y ya hicieron algo para perjudicar a Juliana? Porque en la última carrera la vi conducir bajo la lluvia como si estuviera poseída por Senna.

—Por algo quedó donde quedó en la clasificación. Pero es muy buena piloto. De nada sirvió que la suspensión y otros elementos estuvieran desbalanceados —admitió Lance con frustración.

Laurens soltó un suspiro, recostándose en la silla, justo cuando tocaron a la puerta de su oficina.

—Señor, Isabella Montero y Gonzalo Peña acaban de llegar. ¿Los hago pasar? —preguntó la secretaria.

El hombre asintió sin decir palabra.

—Espero que tengas bien cubiertas las espaldas, porque si te descubren, yo no voy a protegerte —sentenció Laurens a su hijo.

En ese momento, Isabella y Gonzalo entraron en la oficina. Ambos vestían con elegancia, pareciendo más jefes de una organización mafiosa que empresarios comunes.

—Señor Stroll —dijo Isabella, tomando asiento frente al escritorio. Gonzalo, por su parte, permaneció en silencio.

—¿Qué la trae por aquí, señorita Montero?

—Mi padre me pidió que le entregara estos documentos. Es un negocio que, creo yo, le podría interesar mucho. Está relacionado con León Carvajal y su gran franquicia deportiva.

OUR LOVE RACEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora