Capítulo 23 - Poder

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La secta Lan siempre ha sido famosa por muchas cosas admirables en todo el mundo del Cultivo. 

Si le preguntas a cualquier cultivador o en realidad, a cualquier civil con el que te cruces en el camino te dirá al menos una de las siguientes cosas: la secta Lan es una secta grande y poderosa. Son ascéticos y virtuosos. Son ricos, sin lugar a dudas. Y que, según a quién le preguntes, son indudablemente justos... o inflexiblemente honrados con sus reglas. 

Lan WangJi, habiendo pasado la mayor parte de su vida rodeado por esas doctrinas, conoce de sobra esas opiniones. No solo porque las ha escuchado en voz de los forasteros; también las ha oído repetirse dentro de los muros de la propia Gusu Lan, como mantras tallados en piedra, como advertencias veladas y amenazas disfrazadas de consejo.

Durante años vivió según estos principios con la devoción de un monje, sin atreverse jamás a cuestionarlos. Él, como todos los demás, caminaba siempre en línea recta, medía sus palabras, contenía sus gestos, y respiraba solo cuando las reglas lo permitían. Eran tantos los preceptos, tan severos, que a veces no parecían guías para vivir, sino los barrotes invisibles de una celda construida con silencio y obediencia.

Y sin embargo, dentro de esa prisión pulcra y perfumada con incienso, Lan WangJi nunca pensó que hubiera algo fuera de lugar. Los discípulos repetían los versos en sus libros como si los leyeran desde la corteza de sus propios huesos. Se movían todos al mismo ritmo, como si alguien hubiera entonado para ellos la misma melodía desde el nacimiento. Como estatuas de jade talladas con la misma mano, siempre mirando hacia el mismo horizonte.

Nunca pensó en desafiar ese orden. Ni siquiera imaginaba que pudiera existir otro camino.

Hasta que conoció a Wei Ying... 

Wei Wuxian se había tomado las advertencias de su secta con una sonrisa despreocupada en aquel momento. Al fin y al cabo, parecía ya estar bastante acostumbrado a meterse en todo tipo de problemas; sin duda, la secta Lan no tendría mucho más que ofrecerle en cuanto a castigos que a los que ya estaba acostumbrado.  

Por supuesto, Wei Wuxian nunca había hecho más que bromas, travesuras y todo tipo de tonterías desde su llegada a los Recesos de las Nubes. Jamás habría hecho nada que dañara realmente la reputación de la secta Jiang.  

Wei Wuxian, quizás nunca habría adivinado que los castigos por copia que había tenido que soportar por sus propias travesuras hasta el momento no eran todo lo que la secta Lan tenía reservado para alguien que se atreviera a infringir sus reglas sagradas. 

De hecho, muy pocas personas podrían haber adivinado que una secta de la que se dice ser tan justa y pacifica, podía recurrir a castigos tan espantosos como el que alguna vez tuvo que soportar el propio Lan WangJi.   

Experimentar el látigo de la disciplina en su propia carne, fue quizás, la segunda vez que Lan WangJi pudo abrir verdaderamente sus ojos y ver a su secta por lo que realmente es.

La primera había sido silenciosa, insidiosa. Fue cuando vio a Wei Ying sonreír, una y otra vez, a pesar del juicio constante. Fue cuando escuchó las risas que intentaban ocultar un dolor más profundo, y los castigos que se aplicaban sin importar los motivos. Fue cuando lo observó día tras día desafiar una estructura que solo sabía ver el mundo en blanco y negro, sin detenerse a pensar que la vida, las personas... es mucho más que eso.

Lan WangJi había crecido creyendo que seguir las reglas era igual a hacer lo correcto. Que la justicia era un camino recto y silencioso. Pero Wei Ying caminaba en zigzag, con barro en las botas y luz en los ojos. Y lo que más lo desconcertaba no era su irreverencia, sino que el caos que traía consigo parecía más justo que todas las normas que había memorizado a lo largo de su vida.  

Llegar a TiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora