Epílogo

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Observe todo desde el otro lado de la calle, con mi gorra, lentes oscuros y frappé de fresa con mango como la gran malota que soy.

—No tienes idea de cuánto te odio — susurro la desteñida de mi hermana mientras todos a nuestro alrededor susurraban cualquier tipo de cosa que  se le ocurriera.

Las empresas del grandísimo Roger Alberoni en auditoría y cerrada hasta nuevo aviso por malversación o como se diga de fondos.

Y si, lo hice yo luego de enfiestarme con el hijo de su abogado y sacarle la información.

Poderes femeninos.

Vivan los hombres, los amo.

Veo como sacan a mi papi esposado, gira la cabeza en nuestra dirrección, siento su mirada en mi, pero entre tanta gente es difícil saber si me reconoce o no.

Cómo sea.

Lo saludo y le aviento un beso.

Los reporteros merodean haciendo lo suyo como si un empresario corrupto no fuera algo normal, aunque en este pequeño hoyo llamado ciudad no me extraña.

Que felicidad.

Mi animal favorito soy yo enseñandole a la gente las consecuencias de sus actos.

—Mi hermanita y yo, luchando contra el mal, mi hermano y nosotras cuidando nuestro culo, y mi otro hermano con un colapso espiritual — cante con un tono infantil.

Los tres nos fuimos, y definitivamente los llevaré a emborracharnos.

Porque nos hace falta, ahora son lo único que tengo en cuestión social, quienes creía eran mis amigas, bueno, ya estamos claros como acabó, y Alexis ya se enteró de la verdad oculta de nuestra aburrida familia y cada vez que me ve se comporta como si tuviera tres años y papá nos acabará de abandonar.

En fin.

Cada quien a lo suyo.

Y la perra llamada karma me cobró lo que yo cobré y seguramente me cobrará la que estoy cobrando justo ahora.

La vida es bella.

El amor es una mierda casi todo el tiempo.

Tus amigos no son amigos y tus enemigos pueden resultar siendo tus hermanos.

Y la felicidad no la da el amor sino la venganza.

Fin

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