—¡Maldita sea! –maulló el comandante de pelo cenizo mirando la enorme casa.
—No debería lanzar maldiciones- expreso el agente especial mientras encendía un cigarrillo con tranquilidad. —Los indicios son prometedores, no está muy lejos de aquí, está jugando al gato y al ratón.
—¿Eso de qué lado nos pone?
—Del gato por supuesto. –dio una profunda inhalación mientras sacaba un dispositivo de su bolsillo. Con una sonrisa lo extendió hacia el policía de su lado, quien en su rostro se mostró un enorme asombro. —No soy nuevo en esto, acaso creía que no tenía un plan B. Vamos.
Comenzó a caminar hacia su auto seguido de su equipo que ya lo esperaba.
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Ya estaba amaneciendo, había estado conduciendo gran parte de la madrugada, algo no estaba bien, Hinata mostraba una prontitud inquietante, ni siquiera cuando Naruto le dijo que debían parar para cambiarle el pañal a la bebe se quiso detener.
El llanto de su nena no se hizo esperar por lo que Naruto insistió en detenerse, Hinata reacciono frenética y lo que hizo fue cambiarlo pasándose al frente del volante y él al asiento trasero.
—Hinata no puedo cambiar a la bebe si sigues manejando así, por favor detente la niña se va a rosar.
Ella apretó el volante pero no se detuvo, a ese nivel Naruto supo que algo no estaba bien, nada bien.
Ambos pequeños comenzaron a llorar mientras el auto iba cada vez más rápido.
—¡Hinata!
El sonido del motor era inquietante mientras los autos que iban en sentido contrario desaparecían en un santiamén, en ese momento su cuerpo tuvo una reacción, como un electroshock por todo su ser quitándole una venda invisible que había estado con él desde hacía mucho tiempo.
—¡Papaaaá!
¡Oh por dios, pero qué he hecho!
—Por favor detén el auto, vamos a chocar, déjame conducir. –nuevamente ella no dijo nada y siguió. —Los niños están asustados, por favor. Himawari se está rosando, ¡Por favor!
En ese momento ella pareció entender y reacciono disminuyendo la velocidad, se orilló e inmediatamente Naruto se aceleró a cambiar el pañal. Cuando termino se apresuró a deshacer el cinturón de seguridad de Boruto y abrazo amorosamente a sus hijos intentando tranquilizarlos.
Todo mientras ella seguía sujetando el volante, él no aguanto la escena por lo que abrió la puerta para sacarlos.
—Shhhh no pada nada, no pasa nada. -camino con ellos intentado serenarlos. —Tranquilos.
—Vuelve adentro.-casi cuando él salido del auto ella también lo hizo.
—Shsss –él la ignoro rotundamente arrullando a sus hijos.
—Naruto vuelve al auto ahora. –su voz era autoritaria, el giro mirándola directamente sin deshacer su abrazo. —Vuelvan al auto.
—Tranquilos niños, todo va a estar bien.
—Naruto –él camino alejándose un poco de ella. —Hay que irnos.
—¿Acaso estás pensando en los niños? Casi nos matas Hinata. –ella no dijo nada, solo miraba alrededor.
—Hay que irnos cariño -extendió la mano esperando que la tomara.
—Al parecer te sientes bien, ¿No vez a los niños asustados? Eso no se hace Hinata.
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LYCORIS
HorrorCuando el amor obsesivo se dispara, nada parece detenerlo. El sentido común, la farmacoterapia, la terapia electroconpulsiva, los médium, la regresión y la hipnosis fracasan al unísono. Ni magia ni terapia. La adicción afectiva es el peor de...
