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—No hemos bajado la guardia y no lo aremos ahora, mucho menos después de la llamada de hace tres semanas.

—¡Es qué no me explico cómo es que aún no han podido rastrearla! ¡Cómo ella pudo saber nuestro número! Solo las personas más a llegadas a nosotros, quienes saben nuestra situación tienen el contacto.

—Entendemos su frustración señor Uzumaki hacemos todo por lo que está a nuestro alcance, le aseguro que su hijo y sus nietos seguirán seguros.

Kushina quien permanecía con los brazos cruzados hizo un gesto con los labios, miro detrás de ella, en la sala estaba Naruto abrazando al pequeño Boruto que se encontraba llorando.

No quiso escuchar más se encamino hacia la escena para acariciar al pequeño.

—¿Qué le pasa ahora? –pregunto con dulzura.

—Quiere más postre.

—Mmmm –vio en la mirada de su hijo una preocupación palpable. —No pasa nada hijo, lo de siempre. Por cierto como va todo en la asociación.

—Bien. –como odiaba que siempre le contestara así, cortante, era cierto que en la empresa de su esposo todo iba bien, a pesar de todo lo acontecido, por el refuerzo de su guardia tenían lo que podía decirse una vida normal. Al menos eso se decía ella.

—Por cierto tengo una reunión a las cinco, ¿Puedo encargarte a los niños?

—Sí, si claro ya sabes que sí.

—Bien, voy a arreglarme.

Mientras Naruto se abotonaba las mangas recibió un mensaje del celular, lo tomo leyendo el mensaje de uno de sus viejos amigos o más bien de los único que había logrado rescatar, vería justamente a Kankuro y a Sakura después de mucho tiempo. Sakura estaba entusiasmada por cuidar de los niños.

Después de la reunión, Naruto se dirigió a un restaurant en un centro comercial bastante transitado seguido de sus cinco guaruras entre los cuales habían agentes policiacos.

—¡Amigo cuánto tiempo!

Abrazo a ambos sintiéndose plenamente a salvo y tranquilo, pasaron un muy buen rato en ese sitio en medio de animadas charlas los cuales incluían chistes y anécdotas agradables, le pareció increíble el tiempo que paso junto a ellos. Le hizo recordar su vida antes del enorme torbellino que era su vida.

—Ja, no eres justo.

Se dejó envolver olvidándose de donde estaba y quien era, sus risas inundaron el lugar.

A la par del enorme ventanal de cristal había un estacionamiento, los autos y la gente se movían en simultaneidad. Naruto y sus amigos estaban en una de las mesas pegadas a esa enorme pared de cristal, desde su posición podían visualizarse las luces de la cuidad y como poco a poco la luz del atardecer se ocultaba.

—¡Foto! ¡Foto!

—Ya, ni que fuéramos unos chiquillos.

—Eres un aguafiestas, ven Naruto, jálalo.-él hizo lo que ella le pido juntando sus rostros –Listos, uno dos ¡Tres!, otra, otra digan ¡Wisky!

—¡Wisky!

Dijeron al unísono, entre risas se repararon acomodándose en sus asientos donde continuaron con su charla, estaban tan inmersos en ello, ignorando por completo el exterior.

En medio de los transeúntes una moto oscura aparco justo al frente de aquel lado del centro comercial, coloco el frenillo mientras sacaba la llave apagando por completo el motor, se quedó ahí un buen rato, la luz del establecimiento choco con su casco mientras permanecía completamente inmóvil.

LYCORISHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora