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—¡Oh por dios! –Kushina rompió en llanto cuando abrazo a su hijo, le pareció una eternidad estar sin él, no había sido nada fácil, agradeció infinitamente la oportunidad de tenerlo otra vez con ella.

No paro de besar a Boruto y a la nueva integrante de la familia, debido a las circunstancias de su nacimiento y de sus primeras horas les indicaron que debían hacerle chequeos médicos con regularidad.

—El celular que nos diste nos dio buenas pistas, principalmente de la persona que trabaja para ella. –le dijo un agente mientras Naruto veía a su hija a través de la ventana.

—No sabía que tuviera algún cómplice.

—Es un peón, quizás un ladrón del bajo mundo de las armas. Escucha Naruto, sabemos que pasaste por un mal evento, queremos que estés consiente de que debe ser entregada a la justicia...

—No la estoy encubriendo. –volvió la mirada hacia su hija.

—No hemos dicho eso.

—Es lo que piensan, por mucho que sienta algo por ella mis hijos están primero, quiero protegerlos y cuidar su integridad así como su vida misma.

—Entonces ¿Por qué estuviste oculto tanto tiempo por ella? Bueno, sabemos que al inicio estuviste retenido pero después...

—Por idiota.

—Sí, el amor nos hace idiotas, aunque hay algo de estocolmo, recibirás sesiones con el especialista. Como sabes la seguridad de tu familia se duplico es importante no saltarse ningún protocolo, ambos sabemos que Hinata buscara la forma de tenerte de nuevo y no solo a ti. –dijo el agente Jiraya. —Sigue las indicaciones, no debemos bajar la guardia por ningún motivo. Nosotros y la interpol estamos atrás ella.

Naruto se recargo en una silla suspirando con cansancio. Vio al agente extender algunos documentos a él.

—Hay algo que no te habíamos dicho, durante el operativo dos agentes fueron agredidos, uno ya está fuera de peligro pero el otro sigue luchando por su vida, no te lo digo para espantarte sino para que no cedas. Personas como ella jamás, jamás cambian. No tienen solución.

Con pesar él asintió recordando la mirada fría de sus ojos perlas mientras apuntaba el arma.

—Hasta que no sea atrapada, no podrás estar tranquilo. Ni tú ni los tuyos. -al notar el silencio del rubio el agente no dijo más.

—Señor. –un agente lo llamo y él se alejó no sin antes darle un golpecito al hombro del rubio.

En medio de ese pasillo él rubio comenzó a llorar en silencio.

No debo, no puedo seguir amándote, no así, esto no es normal. Adiós Hinata.

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—Buenas tardes Don Ubuso –saludo un joven de veinte años cuando un hombre maduro coloco su canasta en el mostrador.

—Hola muchacho. –dijo con un caramelo en la boca. —Dame una caja de cigarrillos, por favor.

—Son ciento veinticinco dólares por favor.-dijo el joven terminando de cobrar.

—Quédate con el cambio. –solo tomo las dos botellas y la caja de cigarrillos para salir de la tienda. Mientras caminaba a su apartamento noto a una persona recargada en el edificio, se trataba de una mujer con cabello rubio, la miro pensando que era algo tarde para usar gafas de sol.

—Tuvo que pasar algo muy gordo para que estés aquí.

—Hola Don Ubuso o debo decir Shu –aquel hombre movió los hombros con desinterés mientras seguía su camino seguido de esa mujer.

LYCORISHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora