Douma se rió por lo bajo y se despidió con una reverencia burlona, arrastrando a Gyutaro con él. Pero Akaza ni los notó.
Estaba demasiado ocupado intentando sostenerse en pie.
—¿Y el niño? —preguntó al fin, como si eso pudiera traerlo de vuelta a tierra.
—Con la niñera. Está bien. Tenía fiebre ligera, pero se calmó. No te preocupes —respondió ella—. No lo traje porque no quería que estuvieras pendiente de dos cosas a la vez.
Su tono era amable. Su intención, no tanto.
—¿Entonces viniste sola?
—No del todo —respondió ella, y se giró ligeramente.
Ahí estaba Hakuji, a unos metros, de pie entre un grupo de padres, observándolos en silencio.
Akaza sintió el impacto de su mirada como una descarga eléctrica.
Hakuji no se movió. No sonrió. No saludó.
Solo la miraba a ella.
Y luego a él.
Akaza sabía exactamente lo que pasaba por su cabeza, porque alguna vez, él también estuvo ahí. Enamorado de Koyuki, deseando que ella lo eligiera a él en lugar de su hermano. Pero ella no lo hizo.
Y aún así, Hakuji seguía a su lado.
Protegiéndola. Cuidando de ella a su modo.
—Pensé que podrías necesitar algo de apoyo —añadió Koyuki—. Después de todo, este evento parece muy... emocional.
Akaza abrió la boca para responder, pero nada salió.
Entonces, ella dio un paso más cerca. Lo suficiente para que nadie más oyera lo que dijo:
—Sé que hay algo, Akaza. No me lo has dicho, pero lo siento. En cómo te mueves. En cómo lo miras. Y quiero que sepas... que no soy estúpida.
Él bajó la mirada.
—No lo digo por mí —continuó—. Lo digo por nuestro hijo. Porque si vas a destruir todo esto... que al menos sea con honestidad.
No había reproche en su voz. Solo una tristeza tranquila que lo desarmó por completo.
Koyuki se apartó con gracia y caminó hacia otro lado del gimnasio. Nadie notó nada extraño. Parecía una visita casual de una madre responsable.
Pero para Akaza, había sido una sentencia silenciosa.
Cuando levantó la vista, Hakuji lo seguía mirando. Y esta vez, la expresión era distinta.
No era solo decepción.
Era la clase de dolor que viene con el amor no correspondido.
Y con la rabia contenida de quien no puede hacer nada... porque el hombre que arruina todo es el mismo al que todavía llama "hermano".
Y entonces, como si el aire no pudiera volverse más denso, Akaza sintió otra mirada.
A unos metros, entre bastidores, Iguro Obanai observaba en silencio.
Primero lo miraba a él.
Luego a Kyojuro, que acababa de aparecer, saludando a alguien del club de teatro con una sonrisa torpe y papeles desordenados en las manos.
Obanai entrecerró los ojos.
Y Akaza entendió.
Lo que había sido invisible hasta ahora... comenzaba a ser visto.
Y una vez que alguien ve, no hay vuelta atrás.
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Perdón por no haber actualizado. Después del concierto me dio depresión post-concierto y apenas me recuperé 🤣🤣 (llanto).
La verdad, ya quiero terminar Teacher's Pet. Sonará feo, pero ya no siento esa emoción al escribir. Incluso siento que le he estado perdiendo el ritmo a la historia por lo mucho que me tardo en actualizar. Y siendo sincera, ya casi no me llama la atención el AkaRen.
da igual, los quiero
Y aunque nadie lo pidió, pero soy una traumada... adjunto evidencia del concierto.
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