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Akaza sentía que el pasillo estaba a punto de derrumbarse sobre él.

No por la estructura —aunque los focos temblorosos del techo hacían suponer lo contrario—, sino por el peso en su pecho.
El bullicio de los padres, los aplausos ocasionales por alguna presentación, los 'niños' corriendo entre sillas... Todo eso pasaba a su alrededor como si estuviera bajo el agua.

Pero Kyojuro ya no estaba a su lado. Y eso, irónicamente, no le ofrecía alivio.

Lo había visto alejarse hace unos minutos, tal vez a buscar algo tras bastidores o para ayudar con una presentación. No preguntó. No podía. No quería sonar demasiado... involucrado.

Y aún así, su mirada lo buscaba sin descanso entre las filas de alumnos y decoraciones torpemente colgadas en la pared.

—¿Lo perdiste, Akaza-sensei? —La voz melosa lo sacó de su trance.

Douma.

Perfecto.

Akaza apenas giró el rostro para encontrarse con la sonrisa demasiado amplia de su colega. A su lado, Gyutaro soltó una risa baja, casi desagradable.

—¿Te refieres a Kyojuro? —preguntó Douma con una inocencia que no le quedaba—. Estaba por allá hace un momento. Aunque claro... supongo que tú ya lo sabes.

Akaza no respondió enseguida. Inspiró hondo, clavando la mirada en un punto vacío del escenario decorado con cartulina. Un castillo medieval hecho por los alumnos de segundo año. Perfecto símbolo de lo que era todo esto: una fachada que podía derrumbarse con un simple empujón.

—Está ayudando con los del club de teatro —dijo finalmente, con voz firme.

Douma soltó un "oh" exagerado, como si de verdad le interesara.

Pero Akaza no lo miraba a él.
Lo que lo tenía paralizado era otra cosa.

Al otro lado del gimnasio, entre los padres y los profesores distraídos, sus ojos se encontraron con dos figuras que no deberían estar allí.

Hakuji.

Y Koyuki.

Ella lo miraba con esa expresión que no necesitaba palabras: una mezcla de sospecha y dolor contenido, con una sonrisa cordial apenas sostenida para no hacer un escándalo.
Hakuji, en cambio, lo observaba como si pudiera leerle cada pensamiento. Y tal vez sí podía. Después de todo, lo conocía mejor que nadie.

Akaza sintió que el piso se le hundía bajo los pies.

—¿Estás bien, sensei? —preguntó Gyutaro, burlón.

—Claro —respondió de inmediato, sin apartar la vista—. Solo... estoy revisando que todo esté en orden.

Pero la verdad era otra.

Todo estaba por desordenarse. Y no había forma de detenerlo.

Douma ladeó la cabeza con curiosidad infantil, pero sus ojos brillaban con una malicia muy adulta. Seguía observando en dirección a la pareja que acababa de entrar. Y entonces frunció los labios como si intentara resolver un rompecabezas.

—Oye, oye... ¿esa no es... tu esposa?

Akaza sintió cómo se le helaba la sangre.
No respondió. No podía. Si abría la boca, probablemente diría algo que no debía.

Gyutaro soltó una risa nasal.

—¿La del vestido blanco? La que está con ese tipo raro. ¿No es tu cuñado o algo así?

"No, Gyutaro. No es 'algo así'. Es mi hermano. El único que estuvo conmigo desde el principio. El que me conoce mejor que nadie. Es el que me estaría matando con la mirada si pudiera leerme los pensamientos."

Pero todo eso se quedó guardado. Akaza se limitó a asentir con una mueca, como si no fuera gran cosa.

—Vaya —continuó Douma, echándose el cabello hacia atrás con fingida despreocupación—. Qué coincidencia, ¿no? Porque justo estábamos comentando lo mucho que te gusta estar cerca de... ¿cómo se llama? ¿Kyojuro?

Akaza apretó los dientes. Se giró para mirarlos por primera vez desde que llegaron, clavando la mirada en Douma.

—¿Tienes algo que decir, Douma?

El rubio alzó las manos con una sonrisa inocente.

—No, no, por supuesto que no. Solo me llama la atención. Aunque claro... si yo tuviera una esposa como la tuya, no andaría tan pendiente de los alumnos.

Gyutaro soltó una carcajada, bajita pero llena de veneno.

Akaza no respondió. Solo respiró hondo. Una. Dos veces. Necesitaba salir de ahí antes de que dijera algo que delatara todo.

Pero entonces la vio.

Koyuki estaba avanzando. Con paso tranquilo. Sin prisas, pero sin duda alguna.

Directo hacia él.

Akaza sintió que el corazón se le detenía.

Hakuji no se movió. Se quedó de pie entre la multitud, con los brazos cruzados y los ojos clavados en él, como si estuviera esperando a ver qué hacía.

Como si quisiera darle una última oportunidad.

Y justo cuando Koyuki estuvo a unos pasos de distancia, Douma, por supuesto, no pudo callarse.

—¿Oye, Akaza... no será que tu esposa también sospecha?

Silencio.

El tipo de silencio que grita más fuerte que cualquier palabra.

Koyuki sonrió al llegar, con una delicadeza afilada.

—Querido... ¿no me vas a presentar a tus colegas?

Akaza tragó saliva, forzando una sonrisa.

—Claro... cariño, ellos son Douma y Gyutaro. Profesores también.

—Encantada —dijo ella, y aunque su tono era dulce, sus ojos eran hielo puro. Luego miró directamente a Akaza—. Me sorprendió verte aquí. No me habías dicho que estarías tan... ocupado.

Akaza no supo si estaba hablando del evento o de Kyojuro.
Pero en el fondo, sabía que era ambas cosas.




























No sé, pero me gusta actualizar en ocasiones especiales

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No sé, pero me gusta actualizar en ocasiones especiales. Ahora mismo estoy en CDMX por el concierto de Stray Kids y estoy más que emocionada, ya que literalmente es mañana YEAHHHHHHH Espero que les guste este capítulo, ya que el anterior sí fue muy cortito. Los amo ‼️‼️💕

𝑇𝑒𝑎𝑐ℎ𝑒𝑟'𝑠 𝑝𝑒𝑡 || 𝐴𝑘𝑎𝑟𝑒𝑛 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora