Nami es vista como una mujer modelo por la alta sociedad, una buena esposa que es capaz de hacer lo que sea por su esposo y una chica de buenos modales.
Pero todo era una falsedad...
Nami no era así, no amaba a su esposo, lo odiaba con todo su ser y...
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Aunque Nami se sentía nerviosa por estar un fin de semana a solas con la mujer no negaría que se sentía mucho más libre aquí que en su propio hogar.
Robin le había dado una habitación sumamente grande, según la mujer para que se sintiera cómoda.
Agradecía que Robin conociera el espacio personal y no la agobiara respecto a lo que...¿Sentía?.
Esa mujer era tan difícil de leer que la ponía con todas sus defensas en alto para evitar alguna locura de su parte.
Robin tocó con suavidad la puerta sacando a Nami de sus pensamientos, con algo de nervios abrió la puerta y se encontró con una escena bastante rara y algo divertido.
Robin estaba bastante sucia y llena de comida.
Robin: la cena se va atrasar un poquito -dijo nerviosa.
Nami no pudo evitar reírse ante la expresión nerviosa de la mayor, jamás en su vida creyó ver a la siempre pulcra y famosa Nico Robin en ese aspecto.
La pelinegra la hacía reír y mucho, la sacaba de esa sensación tan vacía y fría que sentía cuando estaba con Ichiji.
Nami: la cena la haré yo -dijo con una sonrisa.
Robin se sorprendió de oír eso, quería decirle que no era necesario Pero lo pensó mejor.
Si le prohibía hacer lo que le gustará, porque podía notar la confianza que tenía cuando lo dijo, sería igual a Ichiji...
Lo que menos quería era hacer sentir a Nami como en una prisión.
Pero tampoco quería ser una mala anfitriona...
Robin: eres mi invitada...
Nami: es verdad Pero si no te doy una mano... Te quedarás sin cocina, tendrás que darte un baño hasta la siguiente semana y tus cocineros no tendrían adónde trabajar -dijo con diversión.
Robin siempre odio que se burlaran de ella, Pero si era Nami no se quejaría por nada del mundo.
Robin soltó un suspiro en señal de rendición y Nami sonrió alegre.
Hace mucho que no cocinaba...
Nami: espera... Esa vez en mi casa hiciste un desayuno rico ¿Por qué ahora no puedes hacer la cena? -pregunto curiosa.
Robin: umm... Un desayuno no es tan difícil y bueno... Hoy quería hacer algo especial para ti -dijo con una sonrisa.
Nami se sonrojo hasta las orejas por el comentario de Robin y la mayor no pudo esconder la sonrisa dulce que se estaba formando por lo tierna que se veía la menor.
...
Nami: y listo -dijo con una sonrisa.
Robin, que había estado vigilando que Nami no se lastimara mientras cocinaba, se acercó detrás de ella y miro la cena, tenía un olor tan delicioso que ya le estaba dando hambre, más de la normal.
Robin: se ve delicioso -dijo con una sonrisa.
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Nami: y te va a encantar -dijo con una sonrisa.
Robin: si lo hiciste tú... Me encantará -dijo con una sonrisa.
Nami se sonrojo levemente y miro a otro lado, sabía que debía de darle un alta Pero... Su corazón latía con tanta fuerza que la hacía dudar de muchas cosas.
Ambas se sentaron en la mesa disfrutando la compañía de la otra, el silencio era cómodo y relajante.
Nami miraba con suma atención a Robin, podía notar la expresión tan tranquila y pacífica que tenía la de ojos azules.
Nami:"¿Le habrá gustado? Ha d tiempo que no cocino y... Me esmere mucho..." -penso sonrojada.
Le daba vergüenza admitir que había hecho tanto esfuerzo en la cocina para impresionar a Robin.
Nami:"¿Por qué no puedes dejar de pensar de esa forma de ella?" -penso cansada.
Robin: Nami.
Nami:¿Mmm?.
Robin: tu cocina es espléndida -dijo con una sonrisa.
Nami se sonrojo ante el halago de la mujer, trago grueso y siguió comiendo, no quería admitir que esas simples palabras hicieron que su corazón latiera con mucha fuerza.
Robin no pudo evitar sonreír ante la ternura que Nami le daba, quería seguir viendo esa expresión tan tierna y adorable en su carita.
Sin que Nami lo supiera Robin ya había decidido hacer su siguiente movimiento para hacer que la pelinaranja confiara en ella.
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