Nami es vista como una mujer modelo por la alta sociedad, una buena esposa que es capaz de hacer lo que sea por su esposo y una chica de buenos modales.
Pero todo era una falsedad...
Nami no era así, no amaba a su esposo, lo odiaba con todo su ser y...
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Nami se había quedado dormida en los brazos de Robin, quien con sumó cuidado la llevo a su habitación para que pudiera dormir más cómoda.
La pelinegra miraba con mucha atención la expresión tan tranquila y relajada que tenía la menor, se veía como un pequeño angelito que sólo quería descansar.
No podía entender como es que Nami había aguantado tanto tiempo bajo la mano dura de Ichiji y ese pensamiento sólo la hacía enojarse más contra todo aquel que le había arrebatado la felicidad a la menor.
Robin:"Reiju Vinsmoke...¿Por qué se llevan tan bien?" -penso con el seño fruncido.
Si era sincera no entendía el porque carajos Nami podía confiar en Reiju de un modo tan natural como si ella no tuviera la sangre del pelirojo.
No la conocía bien así que mejor dejaba esa pregunta para otro momento, ahora debía llevar a Nami a su cama para que pudiera descansar apropiadamente.
Abrió con delicadeza la puerta y se acercó a la cama para dejar con cuidado a Nami, estaba a nada de irse hasta que sintió como algo o mejor dicho alguien la sujetaba de su blusa.
Robin:¿Nami...? -murmurro con delicadeza.
Nami seguía con los ojos cerrados y una expresión de calma absoluta.
Nami: quédate...
El Murmullo era bajo Pero lo suficientemente fuerte para que ella lo escuchará, quería negarse Pero parecía que Nami no se lo dejaría para nada fácil.
Soltó un suspiro y decidió acostar con la menor, con cuidado se acostó a su lado y Nami sin perder tiempo la abrazo como si fuera un peluche.
Normalmente Robin odiaba ese tipo de contacto físico pero no podía quejarse cuando se trataba de Nami.
Sí, definitivamente Nami la tenía en la palma de su mano y no era consciente de eso.
Con calma cerro los ojos dejando que el sueño y el aroma de la pelinaranja la envolvieran para caer profundamente dormida.
...
Nami abrió lentamente los ojos sin saber en principio adónde se encontraba hasta que vio a Robin a su lado.
Su rostro se sonrojo hasta las orejas al notar como la pelinegra la abrazaba como si no quisiera alejarse ni un centímetro de ella.
Quería mirar a otro lado Pero era prácticamente imposible hacerlo ¿Cómo es que Robin se quedó con ella?.
Si era sincera anoche sintió algo suave mientras dormía...
Nami:"¡¿La abrace toda la noche?!".
A este punto pareciera que le valía mierda su matrimonio, aunque siempre le valió pero el punto de estar con Ichiji era evitar que dañarán a su familia y amigos.
¿Ahora que podía hacer?.
Quisiera tener a su madre a su lado para que le diera uno de sus grandes consejos, hasta podía aceptar los de Luffy o los de Ace, que eran una mierda.
Pero a este punto de su vida cualquier consejo era bienvenido.
Nami:¿Qué debo hacer?... Aunque también te ame... Sí Ichiji se entera de eso me mataría... Y eso es ser optimistas -dijo cansada.
¿Por qué no podía ser feliz?.
¿Por qué parecía que su vida estaba destinada al dolor?.
Estás lejos de las personas que más amaba y no poder amar a alguien de manera libre.
Apretó con fuerza las sabanas de la cama para evitar que las lágrimas salieran de sus ojos.
Todo parecía tan gris y oscuro hasta que sintió como el abrazo de Robin se volvía más fuerte.
Nami levantó la cabeza para encontrarse con la mirada suave y dulce que Robin siempre le daba.
Robin: no estás sola, Nami... Ya te lo dije -dijo con suavidad.
No tenía nada...
Estaba a nada de perder la cordura si seguía en esa casa...
Quería volver a ver a todos.
Quería estar con Robin...
Sin miedo a que las cosas podrían salir al.
Ya no podía cargar con todo esto sola, sentía como el nudo se formaba en su garganta y que su mente estaba gritándole que no dijera nada que Robin sólo le haría sufrir.
Pero recordaba lo que Robin ha hecho por ella en estos días y la manera en que siempre la miraba como si fuera lo más hermoso del mundo.
Nami: Robin... Ayúdame -dijo con dolor.
Con esas simples palabras Robin no dudo en acercarse a los labios de Nami Pero antes de besarla se detuvo, no quería hacer algo sin el consentimiento de la menor, hasta que fue la pelinaranja que acortó la distancia entre ellas.
En esta habitación el miedo y las consecuencias de lo que podría suceder no existían.
Simplemente estaban 2 mujeres que sólo querían sanar y ser felices sin ataduras.
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