Capítulo trece

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—Yo te nombro a ti, princesa Rhaenyra Targaryen, princesa de Dragonstone... —Evyson dejó de escuchar al ver a su pequeña niña temblar mientras su padre decía aquellas palabras, recordaba cuando Rhaenyra aún estaba en su vientre y cómo había sido una constante luz en aquella oscuridad, sonrió levemente al recordar esos preciosos recuerdos. —al Trono de Hierro. —clamó Viserys y Rhaenyra bajó la cabeza, presentándose ante los lores. Al subirla, notó la mirada amorosa y orgullosa de su madre, quién estaba al lado del rey, ambos con sus coronas, y aunque la corona de Evyson no era tan pronunciada como la de su esposo, era una tira gruesa de oro, con detalles azulinos y rojizos, mostrando la unión de Vale y la Capital. Su mirada estaba levemente cristalizada y su nariz rojiza para evitar sucumbir al llanto.

Pronto, los lores empezaron a arrodillarse, hasta no quedar ninguno. Todos clamando la misma promesa.

—Juró proteger y obedecer a mi reina, junto a ella no habrán guerras y de haberlas, moriré por ellas.

Evyson notó como su hija temblaba ligeramente y al mirarla a ella, entrelazó sus manos, cosa que su pequeña imitó, calmándose así la ansiedad.

Pronto, fue el turno de los Hightower, esos hijos de puta lameculos, oh lo que Evyson daría por exiliarlos.

Notó una falsa mirada noble en Alicent y la típica ambición de Otto, nada nuevo, sin embargo, no le gustaba para nada la nueva esencia de Alicent, aunque había perdido a su madre, ella creía que era eso y que podría ayudarla, sin embargo, la mirada de Alicent ya no era sincera, sí es que alguna vez lo fue.

Dejó de pensar en aquello una vez que su hermana Aemma y su esposo Lord Garret se arrodillaron ante su hija.

—Juro solemnemente serle leal a la princesa Rhaenyra, cuidarla y proteger de ella cuando sus padres desciendan al reino de los Dioses. —exclamó Garret y Evyson sintió un nudo en la garganta. ¿Por qué no había pensado en eso? No había pensado en la muerte, en abandonar a Rhaenyra y todo lo que conocía, sabía que su pequeña hija no la tendría fácil por la indiferencia de los lores, pero nadie podía usurparla, exceptuando a Daemon, pero Rhaenyra carecía de hermanos, tanto hombres como mujeres, no habría un reclamo directo al Trono.

Sin embargo, no estaba segura de que estaba sintiendo, sus emociones eran un remolino en su pecho, queriendo llorar y proteger a Rhaenyra colocándola en una esfera de vidrio y enviándola lejos de allí, enviarla a Vale en dónde ella fue feliz, en dónde estaban sus únicos recuerdos felices. Ahí es donde ella deseaba que Rhaenyra naciese.

Aemma miró a su hermana, tenía la mirada perdida en alguna zona del Salón del Trono ¿qué sucedía con su hermana menor?

Pronto, la coronación terminó y el banquete fue dado, el banquete constaba de los alimentos favoritos de la princesa, pasteles de limón, patatas asadas y carnes asadas, junto al vino dorniense más exquisito.

—¿Hermana?

—¿Hmm?

—¿Qué te pasa? —tomó sus manos. —¿Qué sucede?

—Evyson soltó la judía verde que intentaba picar. —nada ¿por qué lo dices?

—No te gustan las judías y te está costando picarla ¿por qué te las serviste?

—Realmente no lo noté.

—¿Qué sucede?

—Nada Aemma.

—Cuando me dices Aemma es porqué algo sucede, estás tensa y se nota ¿qué sucede?

—Voy a morir...

—¿Qué?

—Espérate, algún día moriré Aemma, ¿quién va a cuidar a Rhaenyra? ¿Viserys? ¡Ja! Es otro estúpido. —rió irónicamente bebiendo vino.

—¿Tienes miedo de morir por qué ya nadie va a poder cuidar a Rhaenyra? Hermana. —Aemma rió. —cuando tú mueras ya Rhaenyra estará grande, tendrá su esposo, su familia y estará lista para ser una gran reina.

—¿Y sino? ¿Y sí muero antes dé?

—Nunca le habías temido a la muerte ¿por qué hoy sí?

—Cuando Garret mencionó el asenso a los Dioses, pensé en Rhaenyra, mi dulce hija, mi dulce niña, ahora que Viserys la nombró su heredera, miles van a querer dañarla, o quitarla del camino para que Daemon o alguien lejano a nuestra familia tomé el Trono.

—Hermana... en dado caso que mueras, yo protegeré a Rhaenyra, la protegeré como la hija que los Dioses no me han permitido tener, y tal vez sea ese el motivo.

—¿De qué motivo hablas?

—Tal vez él no tener hijos propios es porqué deberé cuidar de los tuyos. —los ojos de la mayor se cristalizaron. —y yo, estoy feliz de hacerlo, mi pequeño retoño.

—Evyson sintió su garganta desgarrarse. —¿Entonces planeas matarme?

—No. —rió. —pero quiero que estés tranquila ¿sí?

—Gracias hermana.

—No te preocupes, ven y sigamos disfrutando del banquete. —dijo y ambas continuaron comiendo, con la música resonando en el gran salón.

Pronto, el banquete terminó y todos se retiraron, tanto Aemma como Garret le sonrieron a la princesa heredera y se retiraron, Aemma antes dé, le dio un beso cariñoso en la frente a su sobrina, varios lores se iban despidiendo hasta que finalmente todos se retiraron.

—¿Qué te pasa?

—Nada, lo mejor es ir con un maestre. —murmuró, caminando hacía la puerta, Viserys pronto lo llamó y el hombre acudió a los aposentos reales.

—¿Qué sucede maestre? ¿Qué sucede con mi esposa?

—Mi rey, mi reina, me alegra anunciarles que están en la espera de un heredero, la reina está encinta.

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⏰ Última actualización: Aug 02, 2025 ⏰

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