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Cite a Fabricio en la posada de mi hermano, y aunque una parte racional de mí, me decía que no era lo correcto. La parte de qué mis hijos no me lo arrebataran de mi lado y crecieran a mí lado. Fue lo que me impulso hacer lo que estaba a punto de hacer.

Una madre siempre hará lo que sea por sus hijos.

Ése era el pensamiento que me consolaba y el que me demostró que lo que sucedería después de que Fabricio entrara por esa puerta, era lo mejor. Amaia no estuvo de acuerdo incluso se molesto tanto al ver que había cedido al capricho de Eliott, pero aún por encima del amor que me ofrecía Fabricio. Estaban mis hijos.

Escuché el sonido de la puerta y dude si poner en marcha el plan, pero sabía que si Eliott me quitaba a mis hijos, que era la única esperanza que me seguían manteniendo con vida, luego de la pérdida tan catastrófica que viví, que fue perder a mi rayito de luz.

Mire la hora las 11, la luz de la habitación se encendió y mi cuerpo fue expuesto a la mirada depredadora de Fabricio, este sin dudar sé acercó dando pasos apresurados. Su boca se unió a la mía en un beso desesperado, le correspondi con las mismas ancias, mientras que la música de moría de las ganas sonaba de fondo, de pronto la ropa ejecutiva que cargaba empezó a estorbar. Me encargue de que cada pieza saliera de su cuerpo con desesperación, centre el deseo y la pasión que provocaba y en el acto de intimidad, no en el primer orgasmo, ni en el tercero. Fue en el quinto cuándo ambos estábamos en el punto de quiebre, en la agonía del cansancio que el nombre de Eliott escapó de mis labios, y eso fue el error que hizo que saliera de mí y yo presa del cansancio y con el dolor de mi alma, cerré los ojos. Lo sentí levantarse de la cómoda y entrar al baño, no se cuánto tiempo estuvo allí pero cuándo sentí el colchón hundirse a mi izquierda. Lo sentí dar vueltas en la cómoda, pero al final de mucho su brazo se apoyo en mi cintura y me halo hacia el.

Esa reacción me desconcertó, sabía lo doloroso y humillador que podía ser que estando en intimidad con tú pareja el hecho de mencionar el nombre de un tercero, era un puñal directo al corazón. Su respiración se regulo entonces aproveche para hacer aún lado las sábanas, me coloque el albornoz salí de la habitación haciendo el menor ruido posible, llegué a la mini sala de star y dejé la carta que había escrito hace unas horas y la dejé encima de las llaves de su auto. Sabía que Fabricio no se iba a conformar, pero esperaba que su ego fuera sido lo suficientemente herido para que no me buscará, sino me tocaría hacerle creer que seguía amando a Eliott, aunque me aborreciera toda su vida por éso.

Salí de la habitación y deambule hasta llegar a la habitación que había reservado, introduci la llave y entre a la habitación. Sólo para ver a un Eliott con una sonrisa de autosuficiencia.

__ Has dejado al patán ese dice Eliott.

__ No estoy de humor para soportarte, así que hazme el favor y termina de largarte dije furiosa.

__ ¿A estás horas? Dice Eliott con una sonrisa, que me daban ganas de borrarsela. Su actitud no ayudaba a lo mal que me sentía.

__ Me importa un reverendo culo, vete Eliott dije negando antes de que un líquido se esparciera por mis piernas.

__ ¡¡Estuviste con el!! Dice Eliott con la mandíbula tensa__- Éso no era parte del trato.

__ Quieres comprobar que lo que corre por mis piernas, son los fluidos de Fabricio.

Y mi aure de diversión lo cabreo más, tampoco le importancia. Tomaba mis anticonceptivos, entre al baño porqué no era agradable estar llena de los fluidos de Fabricio y los míos. Me di una ducha a las 5 de la mañana, estando en el baño me di cuenta que sólo era cuestión de tiempo para que Eliott admitiera que me había perdido para siempre, escuché la puerta cerrarse con una fuerza incrustrable.

AlessiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora