CHAPTER TWENTY

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𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐓𝐖𝐄𝐍𝐓𝐘

( With love comes loss!)

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EL GRUPO SE MOVÍA EN SILENCIO, apenas un roce de botas contra la roca húmeda interrumpía la opresiva quietud. El aire en la guarida de Grimmel olía a hierro, ceniza y veneno, cargado con un silbido sordo que provenía de los dragones encadenados. Las antorchas clavadas en las paredes parpadeaban con luz mortecina, proyectando sombras alargadas que parecían perseguirlos.

—Tenemos que separarnos —ordenó Hilda en un susurro firme, levantando una mano para indicar dirección. Sus ojos se clavaron en los de Eret, que sin pensarlo dos veces se alineó detrás de ella, protegiendo su retaguardia.

Avanzaban entre filas de jaulas oxidadas. Los dragones cautivos lanzaban bufidos y chispas, inquietos al reconocer la presencia de aliados. Hilda los distraía con palmadas suaves contra los barrotes, mientras Eret le lanzaba miradas rápidas, atento a cualquier movimiento.

De pronto, un chasquido metálico cortó el aire. Una red de gruesas cadenas cayó desde lo alto con estrépito, sacudiendo el suelo bajo sus pies. El sonido resonó como un trueno en la guarida.

—¡Cuidado! —Eret se lanzó contra Hilda, tratando de cubrirla con su cuerpo mientras ambos quedaban atrapados bajo el peso de los eslabones.

La risa grave de Grimmel se filtró entre las sombras antes que su figura emergiera, delgada y erguida, con esa sonrisa retorcida que lo caracterizaba.

—¿Dónde está tu dragón cuando lo necesitas? —se burló, caminando con paso pausado hasta quedar frente a Hipo—. Oh, claro... seguramente ya te olvidó. Primera regla de la cacería: separa a la presa de su manada. Y tú acabas de borrarte solo de esta ecuación.

Hipo lo miró con una mezcla de rabia y desafío.

—Dime por qué haces esto.

El rostro de Grimmel se ensombreció, aunque sus labios se curvaron en otra mueca satisfecha.

VALHALLA | how to train your dragonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora