〔⚡〕VALHALLA | ❝ Cuando estoy contigo, es como si ya estuviera en Valhalla. ❞
Hilda Haddock fue entrenada desde niña para matar dragones, pero todo cambia cuando su hermano menor Hipo le abre un nuevo panorama.
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EL GRUPO AVANZABA EN SILENCIO POR LA GUARIDA de Grimmel, intentando que sus botas no hicieran ruido contra la roca húmeda. El lugar apestaba a hierro, ceniza y veneno, y desde todos los rincones se escuchaba el siseo de los dragones encadenados. Las pocas antorchas clavadas en las paredes apenas alcanzaban para iluminar el camino.
— No se separen— ordenó Hilda en un susurro, levantando su mano para indicarles por dónde seguir. Eret no lo pensó dos veces antes de ponerse detrás de ella, cuidando su espalda.
Caminaron entre filas de jaulas oxidadas. Los dragones cautivos comenzaron a bufar y a soltar chispas al notar su presencia, por lo que Hilda intentaba calmarlos con suaves palmadas contra los barrotes, mientras Eret vigilaba cada rincón.
De repente, un chasquido metálico resonó sobre sus cabezas. Una enorme red de sogas gruesas, cargada de cadenas, cayó desde lo alto con un gran estruendo.
— ¡Cuidado!— gritó Eret, lanzándose sobre Hilda para cubrirla con su cuerpo, pero fue inútil: ambos quedaron atrapados bajo el peso de la red.
La risa grave de Grimmel se escuchó entre las sombras, antes de que su delgada figura apareciera frente a ellos, con aquella sonrisa que tanto lo caracterizaba.
— ¿Dónde está tu dragón cuando lo necesitas?— se burló, caminando con calma hasta quedar frente a Hipo—. Oh, claro... Seguramente ya se olvidó de ti. Primera regla de la cacería: separa a la presa de su manada. Y tú solito te borraste de la ecuación.
Hipo lo miró furioso.
— Dime por qué haces esto.
— ¿En serio? ¿Tanto te importa?— rió el hombre, divertido por la pregunta—. Cuando era niño me encontré con un Furia Nocturna y lo asesiné... mientras dormía. Ese simple acto de osadía me convirtió en un héroe. Desde entonces decidí eliminar a todos y cada uno de ellos, para regalarle paz a este mundo podrido. Pero entonces llegaste tú, con tus cuentos de que los dragones son más que asesinos— escupió con desprecio—. Esa farsa termina hoy. Contigo.