CHAPTER TWENTY THREE

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𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐓𝐖𝐄𝐍𝐓𝐘 𝐓𝐇𝐑𝐄𝐄

( it was about time!)

( it was about time!)

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UNA BRUMA DENSA CUBRÍA EL AIRE. El mar, gris y agitado, se extendía hasta perderse en el horizonte, donde las velas negras de la flota de Grimmel se alzaban como sombras vivas. Las llamas de las forjas improvisadas chispeaban detrás de los jinetes, iluminando sus rostros tensos y las armaduras recién reforzadas.

El grupo observaba desde el borde del acantilado, el viento azotándoles los cabellos, el olor a sal mezclado con el metal caliente y el humo. A lo lejos, los rugidos de los dragones prisioneros cortaban el aire como lamentos. Los podían ver, enjaulados, encadenados, privados del cielo.

Ninguno hablaba.

Cada respiración parecía contener el peso del mundo.

Hilda estaba al frente, con el casco bajo el brazo. Sus ojos, azules y encendidos, se mantenían fijos en las jaulas que relucían bajo la luz del amanecer. Sentía cómo el viento le traía ecos de su vínculo con Camaleón, un rugido lejano que la atravesaba por dentro.

Los tiene. Los tiene a todos.

Y juró, sin voz, que esa sería la última vez que Grimmel los encerraría.

—O sea, ¿quieren saltar del acantilado con esto? —preguntó Brutilda, estirando sus nuevas alas con escepticismo—. ¿Eso es lo mejor que tienen?

—No, ustedes son lo mejor que tenemos —contestó Hipo.

—Aww —exclamó la rubia, peinándose el cabello—. ¡Estoy con él! ¿Quién viene?

—Brutilda, esa era mi línea —se quejó Brutacio.

Hilda rodó los ojos, conteniendo una sonrisa apenas perceptible, antes de ponerse el casco y dar un paso al frente.

El aire golpeó su rostro cuando saltó. Por un segundo, el mundo se detuvo. Luego, la caída se transformó en vuelo.

La pelirroja se deslizó entre las corrientes ascendentes, el planeador desplegado detrás de ella brillando bajo el sol. Los demás la siguieron, uno tras otro, como un enjambre de alas improvisadas descendiendo hacia el infierno.

VALHALLA | how to train your dragonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora