#9 (únicamente la perspectiva de azael)

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Llegamos hasta la entrada de la guarida del demonio. Miré hacia abajo, observando el mar de tinta que nos separaba de la puerta. Era consciente de que no podía tocar esa tinta directamente: estaba mezclada con agua, y para nosotros, los seres de tinta, aquello era como veneno, capaz de corroernos y debilitarnos hasta deshacernos.

—Hay que buscar una forma de entrar sin recibir daño —murmuré, más para mí mismo que para Norman.

Él se asomó por encima de mi hombro. Su rostro palideció al ver aquella extensión negra y burbujeante, como si respirara por sí misma.

—¿Y cómo… cómo se supone que lo hagamos? —preguntó con un hilo de voz, apenas audible.

Giré la mirada hacia atrás y vi trozos de madera y cajas apiladas en un rincón, medio podridas por la humedad y la tinta. Tomé una de las maderas y la dejé caer, observando cómo se mantenía a flote. Con el extremo de otra probé la profundidad. No era demasiado honda.

—Bien —dije con calma, aunque sentía la tensión apretando mi pecho—. Podemos usar las cajas como camino. La tinta no es tan profunda y las cajas son lo suficientemente grandes para no hundirse por completo.

Norman no respondió de inmediato. Lo vi tragar saliva otra vez, mirando ese improvisado puente como si ya pudiera vernos caer al interior.

—¿Estás seguro de esto, Azael? —preguntó al fin, con voz temblorosa.

—No —admití, lanzando otra caja al mar de tinta, viendo cómo flotaba lentamente hasta chocar con la madera anterior—. Pero es la única forma.

Un silencio pesado se instaló entre nosotros, roto solo por el gorgoteo de la tinta. Y por un instante, sentí como si algo debajo de aquella superficie nos estuviera observando, esperando que diésemos el primer paso.

Arrojé la tercera caja, alineándola con las demás. No se hundió, aunque la tinta la empapó de inmediato, dándole ese color oscuro que todo lo devora en este lugar.

—Vamos, sube —le indiqué a Norman, colocando una mano firme sobre su hombro cuando lo noté vacilar.

Él dudó, mirando la superficie viscosa que burbujeaba como si respirara. Finalmente dio un paso sobre la primera caja. Crujió bajo su peso, pero se mantuvo. Yo lo seguí de cerca, atento a cualquier movimiento extraño.

Paso a paso, fuimos avanzando sobre aquella improvisada senda. Cada vez que una caja se inclinaba ligeramente, Norman soltaba un jadeo ahogado.

—Tranquilo —murmuré—. Si corres, caes. Si te quedas quieto, también. Solo avanza.

El mar de tinta parecía quieto, demasiado quieto, y eso me ponía nervioso. Pero, para mi sorpresa, ninguna caja cedió por completo. El camino, aunque inestable, resistió lo suficiente para que finalmente alcanzáramos la plataforma sólida frente a la puerta de la guarida.

Norman se dejó caer de rodillas, jadeando como si hubiera corrido una maratón.

—Pensé… pensé que íbamos a morir ahí —susurró, con la voz rota.

Yo no respondí. Solo miré hacia la puerta ennegrecida que se alzaba ante nosotros. El silencio aquí no era natural; sentía la presión del aire, denso, cargado con algo que no debía existir. Coloqué mi mano sobre la superficie de metal, fría y húmeda. El aire estaba tan denso que casi se podía masticar. Norman seguía jadeando a mis espaldas, como si hubiera corrido kilómetros.

—Tienes tremenda cabeza de proyector, vives en un piso repleto de tinta bastante espesa y aun así te cansas excesivamente rápido por solo cruzar unas cajas —dije, girándome apenas hacia él, con un tono burlón.

Norman levantó la vista, fulminándome con su brillo mortecino.

—Cállate… —gruñó, todavía intentando recuperar el aliento.

No pude evitar soltar una leve risa. Era demasiado fácil provocarlo. Pero detrás de esa burla, la verdad era que también estaba inquieto: la puerta frente a nosotros no era una simple entrada, era una garganta abierta que podía tragarnos en cualquier momento.

Y lo peor de todo… es que Bendy aún no se había mostrado. No puedo evitar preguntarme que genero la ausencia de Bendy en el estudio. Aún lo odio por lo que le hizo a sammy, pero soy consciente de que su presencia hace una especie de balance en el estudio, sino ya se hubiera derrumbado.

Al entrar al lugar, notó la venas de tinta en las paredes pero aún así no aparecía el demonio, al avanzar sentí la presión del lugar como si hubiera muerto alguien mientras me dirigía hacia el centro, donde las venas de tinta se hacían más oscuras hasta finalmente ver al demonio, sentado en una silla en el centro mirando las pantallas.

— Pero mira quien se ha encerrado como un cobarde. — cruce los brazos mirando al demonio mientras Norman permanecía detrás mío.

No hubo respuesta por parte del demonio de la tinta. Pero pudo notar que su sonrisa era ligeramente diferente, había una pizca de arrepentimiento oculta.

— Vaya no sabía que el infame demonio de la tinta era capaz de sentir arrepentimiento por sus acciones.

Pude ver como se tensada un poco, aun seguía sin responderme.

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⏰ Última actualización: Aug 27, 2025 ⏰

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