UN FINAL FELIZ

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Narrador: Con ayuda de Piccolo y Rossweise la llamada bestia 666, Thihexa fue derrotada, dónde una parte fue mandada al cielo y la otra a Grigory. La tierra ahora vive en paz, ¿Qué sucederá ahora?

HOY PRESENTAMOS: UN FINAL FELIZ

El amanecer bañaba el horizonte con tonos dorados y rojizos, un amanecer que parecía distinto, más cálido. Después de las batallas que habían marcado sus almas, los días tranquilos eran un regalo del cielo. Pero aquel día tenía un brillo especial, un día que muchos esperaban.

Azazel caminaba por los pasillos del santuario improvisado en Grigori con un objeto brillante en sus manos: el Santo Grial. El cáliz desprendía una energía pura, diferente a todo lo que había cargado en otras batallas. No era un arma, ni una reliquia maldita, sino un símbolo de esperanza.

En la sala, Gasper vigilaba con ojos cansados a Valeriy, aún postrada en su cama, con su respiración suave y pausada. Desde que había caído en coma, Gasper no se había separado de ella, rezando cada noche, esperando verla abrir los ojos.

—¿Estás listo, chico? —preguntó Azazel mientras dejaba el Santo Grial sobre una mesa.

Gasper asintió, nervioso, con las manos entrelazadas.
—S-sí… si esto funciona… ella volverá… ¿verdad?
Azazel sonrió con esa calma paternal que pocas veces mostraba.
—Confía. No en mí, sino en ella. Valeriy siempre fue fuerte, más de lo que cualquiera de nosotros imaginaba.

Con un gesto, el Grial flotó, derramando una luz intensa que cubrió todo el cuarto. El cuerpo de Valeriy se estremeció; sus párpados se movieron como si soñara, y poco a poco, sus ojos comenzaron a abrirse.

—¿Dónde… estoy? —murmuró con voz débil, confundida por la claridad que la rodeaba.

—¡Valeriy! —Gasper corrió hacia ella, sujetando su mano con fuerza, con lágrimas cayendo por sus mejillas—. ¡Al fin despertaste!

Valeriy lo miró, sorprendida, y luego sonrió suavemente al ver ese llanto genuino.
—Gasper… estuviste aquí todo el tiempo, ¿cierto?

El dhampir asintió con la cabeza, sin poder articular palabras. Azazel se apartó, dándoles espacio, mientras cruzaba los brazos satisfecho.

—Bienvenida de nuevo, Valeriy. Has dormido bastante… ahora te toca ponerte al día.

La joven rió suavemente, aunque aún débil.
—Si Gasper me estuvo cuidando… sé que no me perdí de nada importante.

La emoción en el aire era indescriptible. No solo había regresado una aliada, sino una amiga, alguien que simbolizaba que incluso en medio de guerras y monstruos, la vida siempre encontraba la forma de abrirse paso.

Un mes después

La rutina volvió poco a poco al mundo sobrenatural. Aunque las cicatrices de la guerra aún estaban frescas, las distintas facciones trabajaban juntas en reparaciones, pactos y festividades. Entre los clanes demoníacos, la noticia más esperada no era una batalla ni una alianza, sino un nacimiento.

En una tarde tranquila en la mansión Gremory, todos se reunieron. Xenovia había dado a luz horas antes. Rías, Akeno y Asia ayudaban en la habitación, mientras Gasper y Kiba esperaban afuera, impacientes. Gohan y Rossweisse estaban cerca, manteniendo la calma, aunque también ansiosos por conocer a la nueva vida.

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