Estadio de Las Liberty – Entrenamiento del equipo
—¡NO, NO Y NO! ¡ESA NO ES LA JUGADA! ¿QUÉ DEMONIOS TE PASA HOY, VOSBEIN? —la voz del entrenador desgarró la cancha; las manos le temblaban, no sólo por la frustración sino porque sabía que algo en Milk estaba fuera de sitio.
El bando se deshilachaba. Sin Milk afinada, las piezas no encajaban: pases imprecisos, un movimiento fuera de tiempo, miradas que buscaban a una capitana que no respondía. El silencio después del grito fue pesado, húmedo, como si la pelota misma respirara mal.
—Perdón, coach. Tiene razón. Soy un desastre —dijo Milk, la frente pegada a la rodilla, derrotada. Sus palabras llegaban como una excusa que se hacía pequeña al salir.
Johm la observó un momento más. No era normal ver a su mejor jugadora así. Los ojos le recorrieron la cancha hasta que se detuvieron en la banda: Pat no practicaba; estaba sentada en el banquillo, mirando sin entusiasmo. La niña llevaba la misma clausura en el gesto que su madre. Johm frunció el ceño y, con pasos largos, cruzó hacia ella.
—¿Por qué no estás entrenando, pequeña Vosbein? —se sentó a su lado con la autoridad que no necesitaba gritar.
Pat no levantó la vista. Su voz fue apenas un hilo.
—Hoy no tengo ganas.
Johm posó la mano sobre las rodillas de la niña, un gesto más de madre que de coach.
—Sé que hay una razón para esto —dijo con esa mezcla de dureza y ternura que usaba cuando quería que la verdad no se ocultara—. Y apuesto a que es la misma razón que tiene a tu madre viviendo a medias en esta práctica. Cuéntamela.
Pat tragó. Miró a la cancha, donde Milk fingía concentrarse y fallaba otra vez un pase.
—Es por mi mamá —soltó, sin mirar—. Mami no se estaba sintiendo bien. Mami quería quedarse, pero mamá dijo que todo estaba bien y que cualquier cosa nos avisaba. Vinimos igual, pero la mamá de Milk no se quedó tranquila. Yo tampoco; mamá no tenía buena cara.
—¿Y por qué no se quedaron? —la incredulidad de Johm no era malicia, sólo sorpresa: la familia Vosbein rara vez se ausentaba de algo tan suyo.
Pat apretó los labios y alzó los hombros.
—Porque la tía View... —la palabra quedó corta, pero dijo todo.
—¿La abogada de las tartas? —una mueca; así conocía todo el equipo a View.
—Sí. La loca de las tartas se quedó con mamá y... nos echó de la casa. Nos sacó a empujones.
El silencio después de esa frase supo a metal. Johm cerró los ojos un instante, respiró y alzó la barbilla hacia la cancha.
—Entiendo —murmuró—. Mira, pequeña Vosbein: si tu madre dijo que les avisaría, confía en eso. Trata de calmarte. Yo voy a encargarme de que mi jugadora estrella haga mis jugadas. —Se levantó, le dio a la niña una mirada que no era piedad sino promesa—. Vuelve cuando quieras. Te esperamos.
Pat asintió sin fuerza. Johm se alejó y, en el borde de la cancha, volvió a alzar la voz para repartir indicaciones. Pero su mirada se escapó una vez más hacia Milk: la capitana respiraba rápido, la frente perlada de sudor, la mente claramente en otra parte.
...
En la casa de las Vosbein Limpatiyakorn, el ambiente era un volcán contenido.
—Quiero a Milk conmigo, View —dijo la pelirroja desde el sofá, las piernas recogidas, la voz pequeña y exigente.
View la miró con esa mezcla de paciencia y filo que ostentaba siempre.
—¿Estás jugando conmigo, Limpatiyakorn? Porque si es así, te aviso: después de asegurarme que esos dos —palmeó su vientre con una seriedad teatral— salgan sanos y salvas, me encargaré de patearte el trasero las veces que haga falta para sacarte de este cuadro de estrés.
ESTÁS LEYENDO
Cuando, Dónde y Cómo el Amor quiera
FanfictionMilk Vosbein es una aclamada jugadora de básquet en Londres hasta que es elegida para jugar en la WNBA, con un pasado negro y su fama de mujeriega irrumpe en New york sin saber que un encontronazo con una hermosa chica, mandona e idiota le va a camb...
