Capítulo 73: La entidad

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Una Sacerdotisa en Twisted Wonderland

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"Somos juguetes en manos de los dioses... Pero somos los mortales los que les proporcionamos las herramientas"

- Melina Marchetta

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[Hace años atras]

Hitoshi estaba sentado en el suelo, rodeado de hojas en blanco y crayones. La tarea parecía sencilla en teoría: un árbol genealógico, nombres y fotografías que unieran las ramas de su familia. Ya tenía casi completo el lado de su padre, con retratos recortados de álbumes familiares del apellido Yuuki y recuerdos bien conservados, pero el espacio reservado para la parte de su madre permanecía vacío. Cada hueco sin llenar lo hacía apretar más los labios en frustración.

—Mamá... — Levantó el pequeño la mirada, con ese gesto entre preocupado y avergonzado de los niños que no quieren parecer débiles. — ¿De verdad no tienes ninguna foto de tu familia?

La mujer, alta y serena, estaba en la mesa preparando una infusión. Su piel morena clara contrastaba con la cabellera blanca que se derramaba como una cascada sobre sus hombros. Sus ojos, de un azul cielo, se suavizaron al escuchar el tono decepcionado de su hijo.

Su nombre era Selene Yazzie

—Lo siento, Hitoshi — Respondió ella con calma, dejándose caer en cuclillas frente a él. — Mi situación familiar... nunca fue la mejor. Cuando me fui de Utah, no pude llevarme casi nada

Hitoshi bajó la mirada hacia las hojas vacías, trazando con el dedo la rama sin terminar.

— Moh, ya no importa. De todos modos era una tonta tarea. — Murmuró el pequeño, más que nada porque no sabía cómo llenar ese vacío.

Ella lo observó un instante, notando que la preocupación del niño iba más allá de la nota escolar. Había en sus ojos una curiosidad sincera, un deseo de saber quién era ella más allá del papel de "mamá". Y eso conmovió a Selene.

—Ven conmigo. — Con una sonrisa suave, ella se levantó y extendió la mano a su hijo.

El pequeño Hitoshi se incorporó, todavía con gesto abatido, y la siguió hasta la habitación. Ella abrió un cajón profundo de madera, de esos que guardaban cosas viejas, y sacó una caja envuelta en tela azul. La colocó con cuidado sobre la cama y, tras desenvolverla, reveló un retrato enmarcado en madera oscura.

—No es exactamente una foto de mi familia cercana... pero sí lo es de alguien importante en mi vida. —dijo, sosteniendo el marco con las dos manos antes de ofrecérselo a su hijo.

Hitoshi tomó el retrato y lo miró con los ojos muy abiertos. Era una fotografía en blanco y negro, ligeramente desgastada por el tiempo. Mostraba a una mujer de porte extraño, con un vestido sencillo y un semblante sereno. Tenía una belleza atemporal, aunque lo que más llamaba la atención era la marca que recorría el lado derecho de su rostro líneas finas, como un tatuaje, que la cámara había capturado con sorprendente nitidez.

— ¿Ella era una navajo? — Hitoshi pregunto con curiosidad

— Algo así. — Selene rió un poco. — Ella es tu bisabuela, y el origen de que te veas así de guapo. —Explicó su madre, pasando los dedos por su propio pelo blanco. — Mi abuelo, tu tatarabuelo, se llamaba Ketsii Yazzie. Era un agricultor en Utah. La conoció en uno de sus viajes de campo, cerca de un pequeño poblado de por allí, aunque la forma en cómo se conocieron fue un poco peculiar.

Una Sacerdotisa en Twisted WonderlandHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora