La hermana mayor por excelencia había estado trabajando sin descanso para sostener su hogar. Con tantos hermanos pequeños, y sin ninguno de sus padres presente, la responsabilidad había recaído por completo sobre ella. Onemine entendía su papel… y lo aceptaba. Había renunciado a sus estudios, a sus metas profesionales y a cualquier atisbo de vida personal con tal de que sus hermanos no sintieran el abandono que a ella le tocó enfrentar. Si había algo que la definía, era esa silenciosa determinación de construir para ellos un futuro menos cruel que el suyo.
Ahora se encontraba en la oficina de la máxima autoridad de la compañía. Un nuevo llamado personal de Kawai la obligaba, una vez más, a ponerse frente a aquella mujer albina que tanto la había incomodado en los últimos días.
— Espero que te encuentres bien, Onemine — saludó Kawai con aquella cortesía pulida que nunca terminaba de sonar sincera.
— Gracias, señorita Kawai. Espero que usted también. — Onemine mantuvo una postura recta, serena, aunque por dentro aún ardía la tensión de su último encuentro. — ¿Puedo saber a qué se debe su llamado?
— Bueno, es simple. — Kawai entrelazó los dedos sobre el escritorio, con su elegancia habitual. — Quería disculparme por lo que dije la última vez. No estuvo bien. Pero… como comprenderás, Tadano representa mi única razón para vivir. Eso no justifica que trate mal a mis empleados por un arrebato personal. No es ético ni profesional.
A Onemine le sorprendió la disculpa; no esperaba escuchar una palabra tan humilde proveniente de ella. Kawai continuó:
— Además — prosiguió con un tono más empresarial — estuve revisando tu desempeño. Es impecable. Se nota que buscas un ascenso… y sinceramente, te lo mereces. Quiero dártelo, con una única condición: que no interfieras más en mi vida personal. Ya sabes exactamente a lo que me refiero.
— Pero usted había dicho… — Onemine intentó recordar el hilo de aquella conversación anterior que terminó tan mal.
— Sé lo que dije. — Kawai la cortó con suavidad, aunque firme. — Pero creo que la vida laboral y la vida personal deben mantenerse separadas. No pondré trabas a tu crecimiento en la empresa. Sin embargo… para el puesto al que aspiras necesitarás toda tu atención y tiempo. Cuando yo era joven sacrificé años enteros para convertirme en la mejor. Asumo que tú serás lo suficientemente profesional para hacer lo mismo. — Sus ojos fríos brillaron un instante, como si la decisión ya estuviera tomada por ambas. — Tienes una semana para darme una respuesta.
Kawai mantenía intacta su aura dominante, elegante, imperturbable. Parecía una reina dictando un ultimátum a su rival.
Pero Onemine no dudó ni un segundo.
— Lo rechazo rotundamente — declaró con una firmeza que incluso sorprendió a la propia Kawai.
La mujer albina frunció el ceño.
— ¿Disculpa?
— Estoy dispuesta a sacrificarlo todo para apoyar a mi familia, señorita Kawai. — Onemine apretó las manos con suavidad, recordando las noches en vela ayudando a sus hermanos con la tarea, las lágrimas que limpiaba, los temores que ella debía cargar por todos. — Mis hermanos dependen de mí. Ellos son mi razón para seguir adelante. Pero Tadano… Tadano es lo que más deseo en esta vida. Si existe aunque sea la más mínima posibilidad de compartir mi camino con él, me aferraré a ella. No pienso renunciar a eso.
Una sonrisa suave, casi inocente, cruzó su rostro al decirlo. No era un acto de rebeldía, era honestidad pura.
Kawai la observó, genuinamente confundida.
— No lo entiendo… ¿por qué sigues negándote a ceder? — preguntó, irritada por la lógica que no lograba descifrar. — No importa cómo lo veas: si compites contra mí vas a perder. Siempre.
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No te mereces todo
FanfictionLa vida de la joven Onemine no podría considerarse única o especial, aún cuando la joven tenía una enorme bondad dentro de su corazón jamás imaginó verse envuelta en un descabellado drama amoroso por un chico simple como Tadano... aunque para Onemin...
