El edificio corporativo seguía tan elegante y frío como siempre, pero para Tadano el mundo entero parecía haberse detenido frente a esas enormes puertas automáticas. Permanecía sentado en una de las bancas de la entrada con la espalda ligeramente encorvada y las manos entrelazadas con fuerza, como si intentara sostener algo que se estaba rompiendo dentro de él. A su alrededor, los empleados continuaban entrando y saliendo con absoluta normalidad, conversando sobre reuniones, entregas y asuntos cotidianos, mientras él sentía que su vida acababa de derrumbarse en cuestión de minutos.
No sabía qué hacer ahora. No sabía cómo iba a explicarle a Bocchi que acababa de perder el trabajo que mantenía su hogar. Mucho menos sabía cómo volver a empezar desde cero cuando todo lo que había construido durante años giraba alrededor de darle estabilidad a su hija. La sensación de fracaso comenzó a aplastarlo lentamente, porque una parte de él todavía seguía sin comprender cómo una confesión tan simple había terminado convirtiéndose en una tragedia laboral y emocional al mismo tiempo.
Fue entonces cuando una voz familiar interrumpió sus pensamientos.
-¿Tadano...?
Al levantar la vista encontró a Onemine observándolo con evidente preocupación. La joven llevaba varios documentos entre los brazos, pero apenas vio el estado en el que se encontraba dejó de lado cualquier otra prioridad y caminó rápidamente hacia él. Su expresión cambió casi de inmediato al notar la palidez de su rostro y la forma en que evitaba levantar completamente la mirada.
-¿Qué pasó? -preguntó mientras tomaba asiento a su lado-. Te ves terrible.
Tadano intentó sonreír para tranquilizarla, pero el gesto murió antes de formarse por completo. Terminó soltando un pequeño suspiro cargado de cansancio.
-Supongo que... acabo de arruinar mi vida laboral.
Onemine frunció el ceño al instante.
-¿Qué quieres decir con eso?
Hubo unos segundos de silencio incómodo. Tadano parecía avergonzado incluso de decirlo en voz alta, como si él mismo todavía creyera que todo sonaba demasiado absurdo para ser real.
-Invité a salir a Kawai.
Los ojos de Onemine se abrieron ligeramente por la sorpresa.
-¿Eh?
Tadano soltó una risa seca y breve, una de esas risas que nacen más del agotamiento emocional que del humor. -Y... me despidió.
La joven quedó completamente inmóvil durante unos instantes, intentando procesar lo que acababa de escuchar. Miró el rostro abatido de Tadano buscando alguna señal de que estuviera bromeando, pero no encontró ninguna.
-Espera... ¿hablas en serio?
-Sí -respondió en voz baja-.
Honestamente ni siquiera entiendo del todo cómo terminó pasando esto. Solo... pensé que quizá debía empezar a avanzar con mi vida. Ella me preguntó si todavía extrañaba a Komi y le respondí la verdad.
Desvió la mirada hacia el suelo mientras apretaba lentamente las manos.
-Le dije que sí.
Onemine sintió cómo algo dentro de ella se tensaba. No solo por la situación absurda, sino porque podía escuchar claramente el peso emocional que cargaban esas palabras. Tadano no había mentido ni intentado ocultar sus sentimientos. Había sido sincero incluso sabiendo que eso podía destruir cualquier oportunidad que tuviera.
-Después de eso me rechazó... y luego dijo que estaba despedido -continuó él con amargura-. Creo que simplemente no supo cómo manejarlo.
El silencio que siguió fue pesado. Onemine observó cuidadosamente el rostro de Tadano y entendió algo que la hizo sentir un profundo dolor en el pecho: incluso ahora, después de perder su empleo, él no parecía estar pensando en sí mismo. Toda su preocupación estaba dirigida hacia otra persona.
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No te mereces todo
FanfictionLa vida de la joven Onemine no podría considerarse única o especial, aún cuando la joven tenía una enorme bondad dentro de su corazón jamás imaginó verse envuelta en un descabellado drama amoroso por un chico simple como Tadano... aunque para Onemin...
