El deseo de Kawai

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—Necesito tiempo para pensar… Desde la preparatoria sufro por eso. Tomé muchas decisiones con un ridículo margen para reflexionar, y aún hoy en día dudo de muchas cosas que hice. Todo empezó desde que me dijiste que era ridículo… para después rechazarme. Debo admitir que perdí la confianza en mí mismo. Desde entonces decidí no destacar en nada, no llamar la atención y convertirme en un alumno del montón.

Luego llegó Komi a mi vida. Por ella hice muchas cosas… absurdas, incluso peligrosas. Pero en verdad quería ayudarla; algo dentro de mí me decía que ella necesitaba apoyo, quizás tanto como yo lo necesitaba. Aunque, claro, jamás creí que a alguien pudiera importarle de verdad cómo me sentía. Aun así, ese impulso me llevó a hacer todo lo posible por mi querida Shoko. Sentía que, si podía ayudar a alguien que sufría como yo, entonces debía hacerlo… Era mi deber.

Solo me arrepiento de una cosa: romperle el corazón a Nene Onemine en el proceso. La quería… tal vez un poco más de lo que admití en su momento. Éramos grandes amigos, y puedo decir sin dudar que fue una de las pocas personas que me ayudó de corazón, sin esperar nada a cambio. En ese sentido, era como yo.

Nunca se lo conté a nadie, me daba vergüenza aceptar que no me sentía suficiente para ella. Y la verdad… eso me pasa con todas las chicas. Me dejaste secuelas profundas, Kawai. Cuando Shoko se me confesó, fue una completa sorpresa. Me tomó con la guardia baja, y sin quererlo del todo, me dio uno de los momentos más felices de mi vida. Ella me devolvió un poco de la confianza que había perdido, se volvió la persona más importante para mí. Tenía —y aún tengo— un sentimiento irracional, pero genuino, por ella. Me partió el alma ver cómo Nene se alejaba para no interferir en mi relación con Shoko…

Después… ocurrió un accidente. Una lunática al volante. Casi pierdo a Shoko, y ella perdió la capacidad para caminar. Sentí un miedo indescriptible, era como ver a una niña dulce enfrentando la oscuridad por primera vez. Jamás vi cuidar de ella como una carga, pero sí fue difícil. La gente… la gente fue nuestro mayor obstáculo.

—¿Fue por eso que decidiste entrenar tu cuerpo? —preguntó Kawai, notando apenas ahora lo tonificado que estaba Tadano, oculto bajo su traje—. ¿Para defenderla de la gente?

—Tienes la verdad a medias —respondió Tadano con calma—. El verdadero problema era que las personas miraban a Shoko con lástima, y eso la hacía sentirse inútil. Viví mucho tiempo con ese dolor, impotente. No podía cambiar la forma en que los demás la veían… así que tomé una decisión: cargaría con ella, literalmente, a donde fuera.

—¿Entrenaste solo por eso? —susurró Kawai, conmovida, conteniendo las lágrimas.

—Así es —dijo Tadano, mientras sacaba una fotografía y se la entregaba—. Entrené este cuerpo no para pelear… sino para poder hacer esto por mi amada.

Era una foto de su boda con Shoko Komi.

Era una foto de su boda con Shoko Komi

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Kawai la observó en silencio. Las palabras se le atoraban en la garganta.

—Eres… una persona maravillosa, Tadano. En verdad… lamento mucho lo que te hice.

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