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La música suena hermosa, vehemente, escoltada por la dulce voz de su joven amante, que se atreve a entonar sus versos en una caricia suave y atrevida. Su entusiasmo tiñe cada uno de sus movimientos, decorados por la luz verde y cristalina de su mirada; y su silueta, impregnada de una candidez casi genuina, es el aliciente definitivo que seduce al público, enroscándolo en un halo de embeleso, una fina red traslúcida de estupor desmedido.La joven mira a su público, absorta y entregada. Hay en esa mirada tanta pasión y agradecimiento que los asistentes contienen el aliento, a la espera del último cántico, del morir de una melodía que se consume como risa líquida para sus oídos. Entonces el silencio se apodera de la sala. Ella levanta la mirada, agradecida y radiante. El público estalla en aplausos y vítores. Se levantan, los aplausos suben de intensidad; algunos lloran, emocionados, otros ríen, felices. Ella saluda con una reverencia y se queda ahí plantada durante lo que parece una eternidad. Está volan-do, siente el batir de sus alas, pletórica, y todos a su alrededor admiran su pequeño don. Si tuviera que elegir, ese sería un buen momento para morir, pues es consciente de que nunca logrará estar más cerca del cielo.Una hora más tarde, el aire gélido de la noche la recibe con una bienvenida. No le importa, es más, abre los brazos para arroparlo, res-pira su aroma absorbiendo parte de su energía. Nada puede empañar esa felicidad que recubre su espíritu.Entonces lo ve, apoyado en una farola. Las sombras inquietas de la noche enturbian parte de su silueta, exhibiendo una visión mucho más imponente si cabe. Tratan de advertirla, con su danza volátil, de los riesgos que corre, pero ella ha decidido que esa noche solo hará caso a sus instintos más primitivos. Entonces él repara en ella y su apariencia, antes severa y circunspecta, se deshace de su máscara de hierro. Camina hacia ella, una sonrisa traviesa dulcifica sus duras facciones. Pero ella sabe lo que hay detrás: el demonio, hermoso como el más bello de los ánge-les, dispuesto a seducirla y a corromperla, a llevarla hacia las puertas del infierno. Lo sabe. Y aun así no es capaz de resistirse. Él le ofrece su brazo y ella lo acepta, cayendo en su embrujo. Ni siquiera se molesta en preguntar su destino, pues ya ha decidido que va a seguirlo. Esa nochees suya y se arriesga a bailar con él. A caminar por el peligro, dejándose abrazar por las llamas del averno.

Recuerda Que Me QuieresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora