No estoy lista, para nada de lo que se avecina. Me siento incapaz de todo, el presente es eterno, no puedo ver hacia delante, esto nunca termina. Quisiera poder parar o rebobinar el tiempo, quisiera poder hacer algo por mí y salvarme, nada sucederá, nada cambiará.
Me pregunto cuanto exito habré tenido en otra vida, me pregunto cuantos talentos habré tenido, cuantas cosas he ambicionado, cuanto habré logrado conseguir por mi propio esfuerzo, cuantas personas he sido. Todas menos yo, justamente yo no he logrado nada.
Oh, que castigo, que desamparo. He vivido en una fantasia, creí que podría lograr al menos lo poco que deseaba en este mundo, que ilusa, que niña ingenua. Que mundo tan injusto, me he topado con la famosa pared de mis metas, y ahora no encuentro el sentido de mi vida.
¿Para qué estoy hecha? ¿Qué he hecho todo este tiempo sino intentar vivir? ¿Y cuando he vivido entonces? Ningún esfuerzo ha servido para nada, ni para mi bienestar, nada ha cambiado y ahora es peor que el infierno mismo. Convivo conmigo, mi propia decepción, reconocerme en el espejo como un fracaso y así intentar verme atractiva, odiandome al mismo tiempo. Soy tan hipócrita, tan miserable que es absurdo y gracioso a la vez.
Me extraño, mi niñez, mi inocencia, o lo que creí que tenía. Regresenme, devuelvanme mi mundo de fantasías, no pertenezco a este mundo, no hay sitio para mí en esta mesa de invitados sensacionales. Debo irme, debo alejarme pronto, esfumarme y no volver, no ser reconocida hasta el día de mi muerte, pues así evitaría incluso mi humillación y verguenza luego de esta.
¿Como quiero vivir? Me preguntaron. ¿Cuando me preguntaran como he vivido hasta ahora? ¡He sufrido todo este tiempo! He estado revolcandome en mi propio desastre, he derramado sangre cómo una victima de asesinato y suicidio, todo me ha herido en esta vida, todo me ha atravesado el corazón y nada se me ha sido reconocido. Nada nunca valdrá la pena hasta la muerte.
No quiero nada, nada de lo que se me inculca, odio este mundo entero lleno de sufrimiento, de llanto, de un dolor incontrolable, inevitable y tan triste por dónde se lo vea. Nada terminará siendo nunca pleno, ni puro, ni bueno y mucho menos mio.
Pero como todos, terminaré siendo parte de un ciclo interminable de generaciones a las que el tiempo jamás les ha alcanzado, a las que la tristeza las ha arrastrado hasta la orilla del infierno y dónde se han construido una casa, sin jardines, sin pintura y sin techo. Me duele tanto, quiero cambiarlo todo, pero soy tan débil cómo para siquiera atreverme a indagar en las posibilidades, sabiendo que lo único que visionaré es más fracaso.
ESTÁS LEYENDO
desidia humana
PuisiEl sufrimiento encarnado en una desconocida de sus propios huesos, endulzado en el intento de un grito, uno de poesía.
