Desde que vi los ojos de la amiga de Kamil, Melany, quedé estático. No pude resistirme a mirarla una y otra vez durante toda la noche. Esta era mi oportunidad, y no pensaba desaprovecharla.
Me acerqué lentamente por su espalda y susurré en su oído, provocando que se sobresaltara: —¿Por qué razón una mujer tan bella como tú está sola en esta noche?
Se giró para verme. —Mejor prefiero estar sola que mal acompañada —respondió con una sonrisa que iluminó mi rostro.
—No pienses en eso, no todos los hombres somos hijos de perra —dije tomando su mano y mirándola directo a los ojos—. Si me permites, me gustaría hacerte compañía en la velada.
Ella apartó la mirada, con un leve sonrojo en las mejillas. —Mejor déjame sola, estoy bien aquí.
—¿Por qué apartas tu mirada? —tomé su rostro entre mis dedos, obligándola a mirarme—. No te voy a hacer nada... además, eres una mujer muy hermosa. ¿Nadie te lo había dicho?
—No trates de halagarme con palabras bonitas —soltó un suspiro—. Si crees que voy a caer ante ti solo con tu juego de coqueteo, estás muy equivocado.
Quitó su mano de la mía con intención de alejarse, pero fui más rápido y la volví a tomar. —¿Dónde crees que vas, hermosa? —la sujeté por la cintura, sintiendo cómo se ponía nerviosa—. ¿Estás tratando de huir de mí?
—Solo estoy aburrida y me quiero ir —dijo suspirando y alzando un poco la voz—. Y tú no vas a impedírmelo. No estoy escapando de nada, y tengo razones para hacerlo.
Joder... llévenme preso.
—Bueno, ya que la bella dama está aburrida en esta reunión sin sentido, permíteme invitarte a cenar conmigo —volví a tomar con delicadeza su barbilla, conectando nuestras miradas.
—¿Ir a una cena contigo? —alzando una ceja, se hacía la que no quería, pero por dentro sabía que lo deseaba más que regresar a su tonto apartamento en el centro de la ciudad—. No es muy tarde para eso.
—Nunca es tarde para nada... apenas son las diez de la noche, aún es temprano —sonreí, y sus ojos brillaron. Esos mismos ojos se habían convertido en mi mayor debilidad—. ¿Qué me dices, aceptas?
—No lo sé —dijo dudando, y se volteó mirando a alguien... era Jay con una chica.
—¿Ella es tu amiga? —pregunté, aún sosteniendo su cintura.
—Está bien, acepto tu supuesta cita —respondió volviéndome a mirar, mordiéndose el labio de manera provocativa.
—Esa es una muy buena decisión —dije, besando su mejilla y sintiendo cómo retenía el aliento—. Vamos, mi auto está en el estacionamiento... si me permites.
Solté su cintura, tomé su delicada mano y la entrelacé con la mía. Salimos del salón y caminamos hacia el estacionamiento. Saqué las llaves de mi McLaren rojo y le quité el seguro. Me adelanté para abrirle la puerta del pasajero.
—Las damas más bellas primero —dije, guiñándole un ojo mientras veía su sonrisa divertida.
—Muchas gracias, caballero —respondió divertida. Entró al auto y cerré la puerta, rodeando el coche para sentarme en el asiento del conductor. Encendí el motor y, con una última mirada hacia ella, salimos de aquel hotel.
Sabía que muy pronto me convertiría en su debilidad... y ella en la mía.
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Actualidad...
—Jake, ¿dónde diablos te metiste en toda la noche? Te estuve buscando por todas partes como una niñera —Niki me miró como si quisiera matarme.
Estaba en su oficina. Cerré la puerta y avancé con calma, tomando asiento en uno de los sillones frente a su escritorio. El lugar estaba impregnado de poder: paredes de madera oscura, estantes repletos de documentos y un ventanal que dejaba entrar la luz fría de la mañana. El aire olía a café recién hecho y a perfume caro, pero la tensión entre nosotros era lo que realmente llenaba la habitación.
—Ya estoy aquí, no tienes nada de qué preocuparte... ¿o sí? —crucé las piernas, relajado.
Niki no dejaba de mirarme, claramente enojado. Soltó un suspiro y apoyó los codos en el escritorio, lanzándome una mirada crítica. —Claro que me importa. ¿A dónde fuiste? —repitió, atacándome con sus palabras.
Solté un suspiro largo y sonreí. —Solo me fui con una chica, no es nada nuevo.
—Espera... no me digas que ya te enamoraste de nuevo —rodó los ojos—. ¿Eres tonto o qué, Jakeeeee? —arrastró la "e" con burla.
—No soy tonto, joder. Pero no soy como tú, que se pasa la vida entera jugando con la primera que se cruza al frente —respondí molesto, moviendo mi pierna inquieto—. ¿Crees que no te vi anoche? Fuiste detrás de Kamil cuando iba al baño y sabe Dios qué hiciste con ella. Luego regresaste al salón con esas miradas que no me gustan para nada. ¿A qué estás jugando, Niki?
—Yo no estoy jugando a nada —dijo divertido, recostándose en su sillón con una sonrisa ladeada—. Solo quería ver la cara de Jay al notar que estaba cerca de ella... robándole a su novia.
—Te estás volviendo loco, Riki. Si tu padre descubre que estás haciendo esto, es capaz de quitarte del puesto tan alto en el que estás. Además, eres el futuro presidente de la empresa —lo miré serio—. No me equivoco: no te va a quitar de ese puesto, más bien te va a desheredar y te dejará en la calle. Y dudo mucho que quieras quedarte en esa situación.
—Ya deja de meterte en lo que no te importa, Shim —alzó una ceja con arrogancia—. Ya soy mayor de edad, no puedes estar corrigiéndome como si fuera un niño pequeño.
Negué con la cabeza. —No te estoy corrigiendo, te estoy aconsejando y advirtiendo —lo señalé con un dedo—. Tú más que nadie sabes cómo es el carácter de tu padre. No hagas algo de lo que puedas arrepentirte, porque no voy a salvarte el trasero.
—Ya no tengo por qué escuchar tus palabras —se levantó molesto, dirigiéndose a la puerta. Lo imité, poniéndome de pie también.
—Por esa misma razón debes pensar con la cabeza fría y dejar de llevarte de tus deseos —nos acercamos a la salida—. Solo te advierto, Nishimura: estás jugando con fuego... y te vas a quemar.
El silencio que quedó en la oficina era tan pesado como el aire antes de una tormenta.
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