Desperté con los incesantes ladridos de mi perrita, un labrador beis que me acompañaba desde que fui a vivir a mi casa hacía tres años. Venían del salón, qué demonios...? El sonido del timbre sonó y me levanté corriendo para abrir la puerta.
-Dana tranquila - dije mientras se calmaba moviendo el rabito. Miré a través de la mirilla y abrí la puerta.
-Wow vaya pelos chica, qué haces aún en pijama? - mi amiga se hizo paso entre los saltos del perro y la puerta y corrió a la cocina.
-buenos días para ti también...- suspire rodando los ojos y cerré la puerta. Entré detrás de ella, que ya estaba hurgando en la nevera, y vi que llevaba puestas las mallas de yoga y zapatillas de correr. Mierda.
-Ah... Vaya Jenn, se me había olvidado lo de correr... Perdona.
-oh sí, creo q ya me había dado cuenta- dijo masticando una galleta mientras cargaba con el paquete, la leche y una taza hasta la mesa.
-Voy a cambiarme... vas a desayunar ahora?- dije frunciendo el ceño.
-cariño, son las diez y media, no ves la sudada que traigo? -dijo señalando con el dedo su cara colorada y sus rizos rojizos recogidos en una coleta - ya he corrido! -giró los ojos y se sentó en la mesa.
-Ufff, pues no sabes qué alegría me das! -dije relajándome. Jenn y yo siempre íbamos a correr los sábados y luego desayunábamos en mi casa o en alguna cafetería.
-Vas a tener que ponerme al día. -cogí una taza y un par de cucharas y me senté a su lado en la mesa.Sentí una punzada de amargura al recordar el tema de Marc, y una vez más deseé que todo se hubiera quedado en un molesto sueño. Pero no.
-No sé si quieres escucharlo...- sacudí la cabeza. No sabía si quería contarlo, algo muy distinto.
-Obvio que quiero! -Suspiré. Observé mis piernas cruzadas a través del cristal de la mesa, y el pequeño lunar que tenía en la rodilla derecha.
-Marc está con otra.- sonaba fuerte decir las palabras en alto. Admitirlas. La cara de mi amiga se desdibujó en una mezcla de sorpresa, asco y horror.
-Cómo sabes que es seguro? -la agonía en el pecho se hacía cada segundo un poco más notable. Joder, necesitaba contárselo a Jenn, ella me apoyaría, como siempre hace.
-El jueves nos vimos como ya te dije, y no pude preguntarle nada -tragué saliva- simplemente no me salía...- la miré esperando algún signo de "sabía que no podrías" pero sólo encontré comprensión en sus ojos. - él estaba normal, lo cual sólo me confunde más todo el tiempo.- giré los ojos y noté un poco de picor en ellos- quedamos para cenar, ayer, y estuve esperando, aquí, como una idiota, a que llegara. -concentré mi mirada en el líquido que había en mi taza, y sentí el ahora frecuente rubor en mi nariz, y las lágrimas agolpándose en mis ojos.- y me contestó una tía- solté con voz ahogada- me dijo que estaba muy ocupado y que no podía atender a nadie - dije en un sollozo- ni siquiera a mí - hundí la cara entre mis manos y noté los brazos de Jenn consolándome.
-Gaby, cariño, tienes que cerciorarte de que es lo que parece.
-pero es que lo peor- continué llorando sin hacer caso a sus palabras. Sus ojos verdes me miraban con lástima- es que más tarde me envía un mensaje - sorbí mi nariz tratando inútilmente de recomponerme- y me dice que lo siente pero que no puede venir, que está liado con el trabajo.
-Es un hijo de puta- dijo con desprecio.
-Por qué me hace esto tía? -notaba mi cara ardiendo- no parece tener interés ni en tener cuidado con lo que hace! No merezco algo de respeto?
-Claro que sí, el que no merece nada es él. -mordí mi labio intentando que no salieran más lágrimas pero fue inútil. -Gaby- me cogió la mano y la miré- siempre que he estado mal por tíos, qué me decías tú? -suspiré tratando de recordar de qué me hablaba.
-que...- sorbí mi nariz mirando a la mesa, y volví a mirar a Jenn- que no te merece la pena derramar lágrimas por un cangrejo que no te hace feliz...
-cuando hay 20 mil peces en el mar que se "morirían por echarte un polvo"- dijimos la última parte a la vez y no pude más que sonreír al recordar la cantidad de veces que debí pronunciar esas palabras. Siempre había sido muy independiente, detestaba las relaciones serias y empalagosas, hasta que conocí a Marc. Pensé que él era el hombre de mi vida, pero supongo que estaba equivocada.
-Tienes razón. -dije con voz queda.
-No, tú la tienes - sonrió- la frase no es mía.
-Pero... No voy a cortar con él todavía.
-cómo que no? -miré la pared pensativa, acariciando mi labio inferior con el dedo índice. Cuando miré de nuevo a Jenn, su cara daba a entender su expectación. -qué piensas?
-Voy a averiguar quién es la zorra con la que se ve, y voy a ser con ella la tía más agradable que haya conocido en su vida. Y después los voy a pillar infraganti, y les voy a montar un pollo...- entrecerré los ojos por la ira- que no van a tener Manhattan para correr! - dije, mi pena había sido sustituida por una incontenible rabia. Cómo podía hacerme eso el muy cabrón!? Se iba a enterar de quién era Gabriele Anderson.
-Vale Gaby cariño... Bébete la leche anda- Jenn dijo dándome una palmadita en la espalda como si de una niña se tratase. Me entró la risa y ella obvio también se rió, siempre hacía esa clase de bromas con las que conseguía que me tronchara de una manera muy tonta.
-sí mamá- dije todavía riendo antes de beber un sorbo.
-quieres agua? -dijo levantándose. La miré y me invadió de nuevo una ola de angustia de pensar que mi mejor amiga iba a coger en unos días un avión sin billete de vuelta. - eh, qué pasa ahora? -su ceño estaba fruncido.
-Te vas Jenn, me dejas sola aquí- dije con cara de disgusto. No quería admitir que no la vería cada dos o tres días como solía hacerlo, ni iríamos a correr o a tomar café, o de copas a cualquier club, o de compras al Madison Square, o simplemente comer unas pipas en un banco y charlar sobre... La vida.
-Ya estamos otra vez -dijo rodando los ojos.
-No, ya estamos otra vez no, te voy a echar de menos demasiado -dije con mi voz de niña pequeña. Seguía siendo una niña caprichosa a mis 25 años.
-y yo Gaby, pero a Richard lo trasladan, qué quieres que haga? Es mi novio.
-Lo sé. -suspiré - pero tú te vas con tu novio militar perfecto, y yo me quedo más sola que la una, sin novio, y lo que es más importante, sin amiga. -me quedé callada un momento- Me vas comprando ya los gatos?
-no digas eso! -me dio un manotazo en el brazo y se rió de mi broma- Me vas a ver más veces de las que imaginas... y están las chicas! O sea que no estás sola.Y déjate de novios... Sabes que ligas en cualquier parte- me miró con la ceja levantada.
-Eso era antes, el cuarto de siglo se me nota...
-Los cumpliste en julio, no hace ni dos meses!
-Te digo que estoy más vieja...
Nos fuimos de compras toda la mañana y comimos en un restaurante del centro. Sobre las cinco de la tarde llegué de nuevo a mi casa, y mi humor era otro completamente distinto. Por eso apreciaba tanto salir a la calle y gastar dinero en trapos, comida y alcohol. Menos mal que ingresaba $4000 cada mes, sino de qué iba a vivir en el Upper East side como lo hacía. Mi jefe me propuso un ascenso a directora de diseño y moda hacía un año y medio, cuando le enseñé de qué pasta estaba hecha sustituyendo a la subordinada cuando ella se dio de baja por maternidad. He de decir que ese bebé me dio la mitad de los zapatos que tengo en mi vestidor. Desde ese momento pude dejar de asaltar a mis padres cada mes para que me ayudaran a pagar el piso. Cuando entré por primera vez, me quedé asombrada por la amplitud del salón y su conexión con la cocina. Pero lo que más me apasionaba eran los enormes ventanales que iban del suelo al techo en el salón y en mi habitación. Siempre me quedaba embelesada mirando Manhattan, con sus incesantes luces, su constante movimiento. No encontraba paz semejante a la de mi apartamento en sus abismales alturas del décimo piso. Y por supuesto, adoraba el enorme vestidor hecho a medida por la antigua propietaria. Ella era una rica viuda en sus cincuenta que se mudó a Dubai con su nuevo novio.Dejé las bolsas de la compra en mi cuarto y me metí en el baño. Observé mis ojos color miel resaltados por la capa de rímel que a diario ponía sobre mis pestañas, mis gruesos labios apenas tapizados con un gloss rojo de Chanel, las ondas castañas con reflejos dorados cayendo sobre los hombros hasta llegar a la altura del codo, y mi esbelto cuerpo envuelto en un ajustado vestido negro que resaltaba las curvas que la genética me había dado, y que yo misma me esforzaba por conservar con una larga hora de entrenamiento cada mañana.
Observé una minúscula marca en el cuello, y súbitamente sentí los labios de ayer besándome con pasión. Me estremecí. Había olvidado mi pequeña aventura de ayer, ni siquiera se lo había contado a Jenn... Pero era mejor así, eso no volvería a pasar. Un tropiezo una noche no significa más que eso, un simple tropiezo. Me deshice de mis tacones, lancé mi vestido al suelo, y otro tanto con mi ropa interior, y me metí en la bañera. Un baño de espuma es lo que mi cuerpo necesitaba. Oh, y música, gracias.
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SPEED UP [Harry Styles]
Novela JuvenilGabriele tiene la vida perfecta: un apartamento en Manhattan, unas amigas inseparables, un trabajo como directora de moda y diseño y un novio con una de las mayores fortunas de Nueva York. No todo es tan bonito cuando descubre que su novio está lia...