Sergio no se consideraba alguien propenso a dudas, tal vez en su carrera, el arrepentimiento en algunos aspectos de su crianza, pero en cuanto se trataba del amor hacia sus hijos, no dudaba.
Esa noche dudó.
Y mucho.
Tal vez fue una mala figura, pero siempre intentó darle a sus hijos la mayor libertad posible sin ponerlos en riesgo, que si salían con amigos, que si querían ir a un lugar, demonios, dejaba que Victoria visitara más a Jos. Intentar razonar con una adolescente no era fácil y más cuando veía que su hermano mayor estaba teniendo más libertades con respecto al divorcio.
"¡Desearía estar con él y no contigo!" Le había gritado su hija ese día por la mañana. Una simple discordia que se tornó verbal. No comentó nada, pero eso no hizo que le dejara de doler menos. Sin embargo, quiso pagarle el mal sabor de boca y contactando con su amiga en Utrecht, lograron quedar para una pijamada y una estadía de dos días más.
Ver la sonrisa de su hija valió un millón, pero ese nudo obstinado le impedía olvidar.
Esos pensamientos cada vez eran más recurrentes.
Ver a sus hijos crecer era tanto una felicidad como un agobio. El ver cómo toman sus propias decisiones y forman su vida le traía un terrible sentimiento de nostalgia. A esos muchachitos los vio juntos en pañales, luego en bicicleta y ahora tomando caminos diferentes.
Y él se quedaría ahí, contemplando.
Le resultó una sorpresa que Max, en lugar de una celebración en familia como siempre pedía (usualmente solo eran los tres o con su familia materna), ahora se decidiera por un bar.
Lo entendió.
Él también había hecho algo similar, tan ansioso en los brazos de Ayrton.
"¿Qué deseará el venidero cumpleañero?"
Estaban recostados en el sofá viendo una película, su cabello siendo rascado suavemente por esas manos callosas tan finas pero fuertes. Tenía su cabeza recargada en el hombro del castaño más claro que parecía entretenido por las figuritas en la pantalla.
"¿A qué te refieres?"
"Obviamente al hecho de que en unos días cumples dieciocho, ¿de qué más podría estar hablando?" La mano que le rascaba la cabeza se detuvo y recibió un jalón en su oreja.
Por su parte, le picó las costillas.
Ambos rieron, antes de volver al silencio. Eso le dio tiempo de pensar su respuesta.
"No pensaba en demasiado, solo algo pequeño. Entre familia." Se había encogido de hombros.
"¿Por qué no con amigos? Esos de las carreras."
Su mente se blanqueó, y con vergüenza dijo: "No creo que sea buena idea".
Esta vez, un par de ojos avellana lo voltearon a ver, esos que siempre podían descifrarlo todo.
"Es...me di cuenta de que no me consideraban uno." Respondió con vergüenza. Él había estado tan contento que había ido por llamada, por más caro que fue, a contarle cómo un grupo de su categoría le había invitado a estar con ellos. La primera vez que fueron a comer, usando su dinero ganado en el trabajo de medio tiempo, había invitado a todos a comer después de una práctica y se había vuelto algo común.
Creyó ciegamente que ellos eran una gran compañía y siguió gastando en ellos.
Era más sencillo pensar que tenía que obsequiar algo para recibir un poco de cariño.
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Ik Hou Van Je, Mama
FanfictionMax siempre fue el hijo de los ojos de su madre. Siempre apoyándolo, protegiéndolo y estando para él. Su alma, mente y cuerpo le pertenecían a Sergio Michel desde que tiene uso de razón y ese sentimiento no hace más que crecer cada día. Una adicción...
