Conducir se había vuelto algo normal en su vida, no recuerda la primera vez que lo hizo. Siente haberlo hecho durante toda su vida. Teniendo a dos figuras como antiguos corredores y que esos mismos tuvieran amigos pilotos le hicieron siempre estar en el mundo de los neumáticos. Un mundo de fantasía donde los más ricos de los ricos podían ser el centro de atención de mucha gente.
Pero él nunca lo vio así.
Desde niño jamás le falto nada, ropa, juguetes, comida, techo, todo lo tenía. Y los que no lo conocieran de cerca dirían que también amor. En especial de su padre.
"¿Padre?" Se preguntó así mismo al mismo tiempo que doblaba una curva del circuito de Reino Unido. Ese pedazo de desecho humano no tenía ningún derecho de llamarse padre, no era más que un estorbo para lo que era su vida. No era su mentor como muchos noticieros pequeños habían comentado, era un tirano. Uno dolido por no ser como él.
Bajo ningún estándar se consideraría perfecto, tenía una de las caras menos agraciadas (aunque su madre dijera que no él lo sabía) y su temperamento no era lo mejor; lo único que podía decir que lograba aproximarse a la perfección sería su conducción. Como mencionó, Jos era un dolido sin tapujos, que se vio toda su carrera, por un carajo, no había hecho nada relevante más que ser el hazme reír de la parrilla noventera. Aunque no lo dijeran, aquello también presto para que en sus inicios no le tomasen en serio, diciendo que jamas sería lo suficientemente bueno.
Sus abuelos, como sus tíos, siempre desistían de sus metas y logros, Jos era lo mismo, a pesar de no quererlo, aveces admitía que unas palabras de aliento no le sentarían mal.
Eso pensaba hasta que veía a su madre.
La persona más perfecta, más inteligente, amable, ingenua, y podía seguir y seguir con los adjetivos hasta que se quedara sin vocabulario. Su sola presencia era un rayo de luz en su tormentosa y movida mente, él siempre estaba ahí para él, lo mimaba, lo comprendía tanto que sabía que estaban conectados de alguna manera. Sus ojos marrones con destellos verdes siempre le miraban con un cariño abrazador, deseándolo como él lo hacía, sus labios finos de un color rosado pastel, unos que tanto quisiera besar, constituían la cara más hermosa que hubiera visto. Y esas pecas, por Dios, se habían convertido en su perdición. Su cuerpo y ser era parte por la cual creía en Dios ya que no había manera de que un ser humano fuera tan perfecto sin ayuda de un ser omnipotente.
Se sabía de memoria cada lunar, cada peca, cada cicatriz. Todo de su madre le fascinaba.
No sabe cómo sucedió, desde que tiene conciencia ese sentimiento de amor y apego lo acompañaron y, aunque las cosas no salieron como él quiso, sentía esos sentimientos aumentar cada día. De lunes a domingo, las veinticuatro horas del día, no importaba lo que estaba haciendo, siempre un recuerdo de su madre estaría ahí para acompañarlo.
El sonido de los parlantes anunciando su nombre como ganador lo sacó de sus pensamientos y una vez más volvía a la realidad. Su jodida realidad.
Frenó lo suficiente y manejó su kart fuera del circuito, donde un grupito de gente, incluidos periodistas como padres y empleados, yacían vitoreando. Sacó su casco de su cabeza y buscó con la mirada unos ojos marrones con destellos de esmeralda y como siempre, no los encontró.
Decidió que tomaría su kart y lo llevaría a la zona especial para estos. Ahí empleados los recogerían y los llevarían a su lugar correspondiente. No vio a Jos por ningún lado y eso logró relajar sus hombros un poco. Caminó rumbo el podio que lo esperaba. Y al ver a los otros dos concursantes esperándole, pudo sonreír. Al menos al ver a uno de ellos.
—Pero que tenemos aquí, el chico holandés otra vez.—El chico un año mayor que él y con dientes grandes le hablo. Se notaba de mal humor. Aquello lo hizo sonreír con suficiencia.
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Ik Hou Van Je, Mama
FanfictionMax siempre fue el hijo de los ojos de su madre. Siempre apoyándolo, protegiéndolo y estando para él. Su alma, mente y cuerpo le pertenecían a Sergio Michel desde que tiene uso de razón y ese sentimiento no hace más que crecer cada día. Una adicción...
